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	<title>relatos archivos - Quetzal Noah</title>
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	<description>El Poeta Mochilero</description>
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	<title>relatos archivos - Quetzal Noah</title>
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		<title>La morra hippie Cap.1</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Aug 2024 21:09:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tú y esa pinche costumbre culera de irte sin dejar rastro cuando más te traigo ganas. Tú y esa pinche</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Tú y esa pinche costumbre culera de irte sin dejar rastro cuando más te traigo ganas. Tú y esa pinche maña tan ogt de dejarme en visto porque se le acabó la batería a tu teléfono o te quedaste sin datos. Y lo que más me caga es que no saber predecir tus movimientos y que cada vez que te veo parece que te transformaste en algo distinto; y eso de ti me apendeja. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hubiera preferido saber qué hacer con mi vida antes de conocerte, pero tú me enseñaste que lo que creí que quería no estaba tan chido. Llegaste para dejar un hermoso desastre en mi vida. Desmadraste mi sistema de creencias y me hiciste soñar con la libertad y la poesía. ¿Cómo no querer hacerte el amor? Si llenabas mi cabeza de mundos que no imaginé y cada palabra de tus labios era la filosofía de mis insomnios. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Te recuerdo ahí, en la plaza de Xilitla, sentada junto a tu paño de artesanías en el suelo. Bebías una michelada en un vaso de unicel mientras tejías un collar de macramé con un jade de Guatemala. El jade era verde pastel y tus ojos cuando el sol de la tarde se hacía menos intenso tenían el mismo tono. Tenías un piercing en la nariz y pecas diminutas parecidas al café molido en tus mejillas. Y tus trenzas rastafari decían de ti: ando sin prisas por el mundo. Había un libro viejo con varias páginas dobladas junto a tus pinzas para cortar alambre. No alcancé a leer bien de qué se trataba pero al menos eso me decía que te gustaba leer. Y ese es el tipo de personas a las que invitarles una chela o un café son una buena inversión, porque te contarán una historia que no conocías o te hablarán de un autor que vale la pena tener en el librero. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Miré detenidamente lo que había en tu paño mientras pensaba en preguntar algo que me hiciera mantener una conversación interesante. Para que no creyeras que era otro pendejo godín, que quiso desconectarse de la rutina, con sombrero de Indiana Jones en un pueblo mágico y que se empeda con una botella de bacacho y dos micheladas. Pero ¿para qué pensarlo tanto? Si cualquier cosa que dijeras me iba a llevar a querer saber más de ti. Porque considero que el sólo hecho de que hubieses existido ese día, fue suficiente argumento para sostener que las personas que llegan de forma inusual a nuestra vida son las que nos revelan nuestro destino. ¿Por qué pensar tanto en hacer una pregunta interesante? Si tú vendías artesanías y hubiese bastado con que yo me hiciera pasar por un viajero curioso que tiene ganas de escuchar relatos de gente que no se preocupa tanto por el futuro. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tú tomaste la iniciativa</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Pregunta amigo, lo que gustes, te hago precio.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Muchas gracias, ando viendo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Me apendejé y me dio pena. Me paralicé tras escuchar tu voz. Era una voz valiente, segura y relajada. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-¿Dónde compraste la miche?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Me la regaló un compa que tiene su puesto ahí por el castillo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No es que Xilitla fuera un viejo pueblo medieval pero tiene un castillo. El Castillo de Edward James; el principal atractivo del pueblo. Edward James era un gringo con un chingo de feria de los tantos que venían a México a invertir y en uno de sus viajes un ejército de mariposas voló sobre la parte del bosque donde se alza su castillo. Pensó que era una señal divina y decidió construir algo memorable ahí. La obra arquitectónica es de tintes surrealistas porque le mamaba esa onda. Tanto así que después se hizo amigo de Leonora Carrington y se volvió su mecenas en México al igual que el de Salvador Dalí. Leonora pasaba largas temporadas agarrando el pedo ahí, dándole rienda suelta a su talento para las artes plásticas y a la escritura. Quizás lo de la escritura fue algo que le brotó después de que tuviera un breve romance con el dadaísta Max Ernst. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y todo eso lo supe al día siguiente luego de que recorrí el castillo y no supiera qué chingados estaba viendo. Porque hay obras muy bonitas que uno contempla sin comprender sus contextos, pero luego de conocer su historia dejan de ser algo ajeno o pasajero y se vuelven parte de uno. Y tú sabías mucho de historia y no sólo porque leyeras, sino también porque cada gente que se acercaba a tu puesto sentía la profunda necesidad de compartirte algo. Y tú como eras tan abierta y libre, te volviste una viajera culta que no pertenecía a ningún sitio. Por eso te movías de un lado a otro. Un día te ibas al temazcal y a comer peyote en Real de Catorce para limpiar la energía y al otro conseguías un aventón a San Pancho o Sayulita para buscar coral y caracoles.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">CONTINUARÁ</p>
<p style="text-align: center;"><strong>  La morra hippie, Quetzal Noah</strong></p>
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		<title>Ganas de irse</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jul 2024 20:34:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El tequila ardía en mi garganta como mi conciencia. Me senté en el taburete del bar, rodeado de sombras y</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El tequila ardía en mi garganta como mi conciencia. Me senté en el taburete del bar, rodeado de sombras y olvidos. La ciudad de Monterrey siempre me parecía triste, con la gente yendo de un lado a otro sin saber quiénes son, comprando cosas de marca para darle sentido a su vida porque no conocen otra manera de ser felices. Parecía un lejano eco que nunca me alcanza, un rumor de vidas que seguían adelante sin mí. Había perdido a Sarah en una discusión estúpida, una de esas que te dejan sin aliento y sin sentido.</p>
<p>Recuerdo su rostro, pálido y tenso, sus ojos llenos de lágrimas y reproche. «No puedo más», me dijo, y se fue. Ahora, aquí estaba yo, viendo mi pasado en el fondo de la botella de Don Julio 70, porque un dolor también se celebra. Pero el dolor no se ahoga, solo se esconde, esperando a que te quedes solo para saltar sobre ti como un animal hambriento.</p>
<p>Pensé en viajar, en irme lejos, en perderme en el mapa. Tal vez en Palenque, embriagarme de chela artesanal en Tijuana, irme a gentrificar Mazunte con los ahorros que me quedaban o partir a cualquier lugar donde el sol quemara mis recuerdos. Pero sabía que no funcionaría. Los recuerdos te siguen, como un perrito de la calle al que le das de comer. El bartender me miró con ojos compasivos, como si supiera mi historia. «Otra botella, amigo?», me preguntó. Pero te echas una conmigo. Cuando estás solo y no hay nadie con quien hablar el bartender se vuelve tu mejor amigo. No había nada que decir.</p>
<p>La noche avanzaba, lenta y pesada, como un cadáver que no quería ser enterrado. Pensé en Sarah, en su sonrisa, en sus piernas largas, su falda que siempre le quería arrancar , en su olor. Y me odié por haberla perdido. El viaje, tal vez, sería una huida, un intento de escapar de mí mismo. Pero sabía que no funcionaría. Porque, al final, siempre te encuentras con tus propios demonios, en cualquier lugar del mundo.</p>
<p>Así que me quedé ahí, en el bar, bebiendo y pensando, sumergido en mi propio infierno. Porque, en realidad, no había ningún lugar al que ir, ningún viaje que tomar. Solo estaba yo, mi dolor, y el tequila que ardía en mi garganta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>«Pedí una cerveza y me trajeron un recuerdo», Quetzal Noah</strong></p>
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		<title>El Alucín</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 May 2024 22:04:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Conocí un tipo medio alucín. Su nombre era Vincent Franz. Aunque en realidad se llamaba Jorge Garza. Su nombre le</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Conocí un tipo medio alucín. Su nombre era Vincent Franz. Aunque en realidad se llamaba Jorge Garza. Su nombre le parecía sumamente normal, algo impuesto desde su nacimiento que no había elegido y cambiárselo (aunque no legalmente) fue para él su única victoria sobre la creencia de que podía apropiarse de su destino. Se puso Vincent porque una amiga de él en la universidad le habló de las obras y la vida de Vincent Van Gogh.  Aunque su lenguaje era paupérrimo como para formular su propio criterio sobre el arte él decía: están chidos los cuadros. Y se puso Franz porque en un taller de literatura un profesor le habló de <em>La Metamorfosis</em> de Fran Kafka en la que el personaje principal se convierte en un escarabajo. Por ello, tiempo después se tatuó uno en el brazo izquierdo sólo porque quería tatuarse para tener algo diferente al resto de los demás. Nunca leyó el libro completo y tampoco se preocupó por investigar la nacionalidad de Kafka. Sin embargo, cada elemento de la cultura que iba conociendo lo adoptaba como propio. Venía de una familia de clase media, al sentir que no era pobre ni rico se percibía así mismo como alguien más del rebaño; eso le causaba cierta frustración por lo que buscaba crear una personalidad cool que lo hiciera sobresalir y llamara un poco la atención en donde quiera que estuviese.</p>
<p>Había estudiado ciencias de la comunicación con la idea de que encontraría un trabajo en la televisión o la radio y con ello saltaría a la fama. Su acervo cultural y la mayoría de sus conversaciones eran sobre los tenis de moda, las series y las estrellas de tiktok o youtube. No creerías la cantidad de personas y datos innecesarios puede almacenar una persona que pasa horas en internet sin tener un proyecto personal. Veía todas las series que le recomendaba Netflix o de las que hablaban sus compañeros de clase y sus amigos. Lo hacía porque quería formar parte, necesitaba ese sentido de pertenencia. Le provocaba una ansiedad tremenda no poder elegir algo que le gustara porque su frágil ego le susurraba que el mundo lo juzgaría, aunque no se daba cuenta que a nadie le interesaban sus gustos y nadie se preocupaba tanto por ellos como él mismo.</p>
<p>Quería hablar de todo, pero era experto en nada. Pensaba que era suficiente con replicar las ideas de los youtubers o creadores de contenido que seguía. Un día era erudito en socialismo y al otro todo un comentarista deportivo. Recuerdo que lo conocí en un hostal de Guadalajara. Dijo que estaba ahí porque fue llamado para la audición en un papel como extra en una serie. Hacía castings para comerciales y buscaba siempre que lo invitaran a colaborar en podcasts. No tenía ninguna opinión objetiva porque quería caerle bien a todo el mundo y por ello tampoco causaba gran polémica. Pero el quería ser famoso, ser un personaje, necesitaba ser admirado también porque sus padres y amigos le decían que lo que había estudiado era una basura y no haría cosa de provecho con aquella vocación. Estaba buscando demostrar que era alguien y su vida giraba en torno a validarlo frente a las personas que se cruzaban en su camino.</p>
<p>Su deseo lo llevó a viajar por la Ciudad de México, Guadalajara y volvía tras cada fracaso a su natal Monterrey. Hizo vídeos de viajes, recomendaba restaurantes donde no le pagaban, hizo su podcast donde entrevistaba personas que conocía en la calle y hasta intento escribir un libro con sus poemas chafas que escribía en las notas de su teléfono. Vincent Franz, fracasó en todo lo que se propuso, pero seguía aferrado a su sueño de ser famoso. Cada vez que había una tendencia nueva en redes sociales aprovechaba para tomarla porque tenía esperanza en volverse viral ¿pero para qué quiere uno ser visto cuando no se tiene nada interesante que decir o que aportar?</p>
<p>Vincent Franz vivió durante un mes y medio en aquel hostal de Guadalajara conocido como el Ático. Estaba a unas cuadras del Aurrera de Santa Tere más pegado al lado de la colonia Americana.  A ese hostal llegaban músicos, artistas, pintores, escritores, productores y gente que organizaba la movida cultural y artística en el centro de la ciudad. Vincent Franz se hospedaba con frecuencia ahí. Siempre conocía gente nueva con la que planeaba eventos que rara vez se concretaban. El entusiasmo y la ingenuidad de Vincent hacía que los demás sospecharan de su inteligencia. Todos lo subestimaban, sin embargo, les causaba cierta ternura su optimismo y su mayor atributo era que a pesar de que estaba medio pendejo no dejaba de ser simpático y apoyar en cualquier cosa que le decían que iba a estar chida.</p>
<p>Me daba cierta pena verlo sentado en una banca de Chapultepec bebiendo un dr pepper mientras se forjaba un cigarro orgánico.</p>
<p>Creo que puedo entrar a Big Brother, me dijo aquella vez, crujiendo los dientes y mirando pensativo lo que había a su alrededor. Me pidió dinero para una cerveza, dijo que le iba a llegar una lana de un comercial. Segú él, varias marcas y personas le debían dinero por ciertos proyectos en los que había colaborado. Lo cierto es que Vincent nunca traía dinero. Cuando estaba a punto de prestarle un billete de cincuenta pesos pasó uno de esos muchas Hare Krishnas con túnica blanca, rapado y con un tambor ofreciendo libros de espiritualidad hinduista. Los vendía por una cooperación voluntaria. Vincent le dijo</p>
<p>-Cuando sea famoso te compraré todos.</p>
<p>-¿Para qué quieres ser famoso?</p>
<p>-Para ser importante.</p>
<p>-¿Importante para quién?</p>
<p>-Para los demás.</p>
<p>-¿Y dónde están los demás¡</p>
<p>-No lo sé, pero seguramente cuando sea famoso me voltearán a ver.</p>
<p>-¿Y cuál es tu gracia o talento?</p>
<p>-Le caigo bien a la gente y doy buenos consejos.</p>
<p>-¿Y crees que por ello mereces ser famoso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vincent se quedó callado. La pregunta le causó cierta incomodidad, en sus labios se trababan las palabras como buscando una respuesta, pero no supo qué decir. Le preguntó al chico de qué se trataban los libros y éste le habló de las encarnaciones de Visnú. Vincent escuchó atento todo lo que aquel dios hindú quería para él.</p>
<p>A la semana siguiente renunció a sus proyectos y vendió sus pertenencias. Se compró sólo dos túnicas de manta, un par de tenis y unos huaraches. Se juntó con aquel joven y se puso a predicar el hinduismo. Cuando lo encontrabas decía que estaba liberado de la prisión del ego y que la fama era transitoria. Se sentía diferente por profesar otra espiritualidad que no era la judeo-cristiana. Se había iluminado, según sus propias palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Cuando casi fui famoso, Quetzal Noah</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2024/05/08/el-alucin/">El Alucín</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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		<title>Historias de la cerveza: La dorada ice en Flores</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Feb 2024 17:39:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de la cerveza]]></category>
		<category><![CDATA[cerveza]]></category>
		<category><![CDATA[escritos]]></category>
		<category><![CDATA[historias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; La primera vez que bebí una cerveza extranjera fuera de México fue en Guatemala. Entré a aquel país por</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2024/02/29/historias-de-la-cerveza-la-dorada-ice-en-flores/">Historias de la cerveza: La dorada ice en Flores</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>La primera vez que bebí una cerveza extranjera fuera de México fue en Guatemala. Entré a aquel país por el lado de Belice. Recuerdo que, por distraído, no sellé mi pasaporte al entrar y ninguna autoridad lo notó hasta que intenté llegar a El Salvador; pero esa es otra historia.</p>
<p>Anduve un rato explorando ese cruce fronterizo, llegué a un pueblo donde la economía prosperaba en base a las abarroteras. Tomé una combi hasta Flores, Petén. En el paradero de camionetas salían tuctucs que iban hasta la Isla por 10 quetzales (unos veinte pesos en aquel entonces). La Isla de Flores estaba pegada a la ciudad. Lo particular de la Isla es que era un pueblo pintoresco, colorido, con una vista hermosa al lago, lleno de calles empedradas. Era como un pueblito de Cinque Terre, en Italia o como Guanajuato sólo que rodeado de agua.</p>
<p>Justo en el centro de la isla se alzaba una loma en donde se asentaba una plaza con una iglesia y una cancha de basquetbol. Junto a la cancha un par de tejabanes expendía refrescos y golosinas. Lo que me sorprendió aquella vez fue que vendían cerveza. Sí, en un parque junto a una iglesia. Algunos muchachos bebían sin preocupación alguna. Un par de policías pasó y no les dijo nada. Supuse que era habitual. Quise sentirme parte del lugar y pedí una. Cinco quetzales me costó (unos diez pesos). En ningún lugar que estuve antes una cerveza me había salido tan barata. La lata era azul y decía <em>Dorada Ice</em>. Era refrescante, hacía un calor húmedo y mi camiseta estaba pegada al cuerpo y mis pies hinchados. Pero en aquel momento, las fronteras del sabor se abrieron ante mis labios y me sentí un viajero iniciando su nueva aventura. Fui el muchacho más afortunado del mundo en ese instante.</p>
<p>Esa tarde caminé por la Isla y encontré un hostal. Mi tarjeta no pasó porque estaba bloqueada para hacer compras en el extranjero. De cualquier forma, sólo llevaba como quinientos pesos en ella. La señorita de la recepción se portó con esa notable amabilidad de los guatemaltecos y me dejó instalarme. Le conté mi situación y me dijo que podía hacer una llamada desde las oficinas de turismo de la isla.</p>
<p>Dejé mis cosas, sólo tomé la guitarra. En la parte del malecón de la Isla había un par de restaurantes, discotecas y bares. Y en un apartado puestos de deliciosos manjares callejeros. La gente se sentaba en una barra de piedra junto al lago. Yo saqué la guitarra y canté un par de canciones de José Alfredo. Saqué para pagar mi hostal y cenar. Y hasta me sobró para regresar a una tienda y comprarme otro par de cervezas <em>dorada ice</em>. Estaba chupando en otro país, ya era un bebedor internacional.</p>
<p><em>A veces sólo hay que dejar que la vida suceda y dejar que su nos enseñe su ritmo para bailar con ella.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2024/02/29/historias-de-la-cerveza-la-dorada-ice-en-flores/">Historias de la cerveza: La dorada ice en Flores</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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		<title>El rockstar de la poesía</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jan 2024 18:06:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[escritores]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuánto te dura la juventud?  ¿Cuánto tiempo crees que podrías ser famoso? Me pregunté luego de bajarme del coche. La</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2024/01/26/el-rockstar-de-la-poesia/">El rockstar de la poesía</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;">¿Cuánto te dura la juventud?  ¿Cuánto tiempo crees que podrías ser famoso? Me pregunté luego de bajarme del coche. La aplicación del uber indicó que conductor llegaría en cinco minutos. No le presté mucha atención ¿Alguien de verdad revisa el nombre del conductor de las aplicaciones? Nos hemos vuelto tan automatizados que damos por hecho que es un humano el que viene. Era una tarde de sábado. El coche llegó a mi domicilio. El conductor llevaba unas gafas oscuras y tenía una caja de cigarros a la vista.</p>
<p style="font-weight: 400;">La avenida Constitución estaba congestionada por un accidente de tráfico, así que tomamos un atajo por el Barrio Antiguo. Pasamos frente a La Tumba. Recuerdo ese lugar, la última vez que estuve ahí fue porque me contrataron para trabajar de mesero. Tenía una amiga que era la encargada de la planeación, fue ella quien publicó en facebook que solicitaban personal para cubrir un evento por la noche. Pagaban quinientos pesos por el turno más las propinas. Era costumbre mía tomar trabajos de mierda para poder tener algo de dinero y sobre todo tiempo, porque si eres escritor no necesitas tanto dinero como piensas; lo que en realidad necesitas es tiempo. Sentarte a escribir encerrado en tus ideas y no dejar que nada te distraiga durante horas o días. Le mandé un mensaje a mi amiga.</p>
<p style="font-weight: 400;">-¿De qué se trata el evento?</p>
<p style="font-weight: 400;">-Es un recital de poesía.</p>
<p style="font-weight: 400;">-¿Un recital? ¿De quién?</p>
<p style="font-weight: 400;">-De Andrés Ortega</p>
<p style="font-weight: 400;">-¿El poeta de los vídeos?</p>
<p style="font-weight: 400;">-Ese mismo.</p>
<p style="font-weight: 400;">Andrés Ortega era el poeta del momento, un fenómeno del internet. Tenía un canal en youtube con cien mil suscriptores, la mayoría eran chicas. Era un tipo apuesto, siempre con un cigarro en la mano cuando abría sus libros para leer. Su cabello era brillante y pasaba la mano por su fleco para peinarse cuando terminaba de recitar, era un gesto coqueto y característico de él. Sus fans amaban que hiciera eso. Andrés Ortega escribía sobre coger, las prostitutas, la cerveza, la locura y la nostalgia. Al terminar sus recitales siempre había un par de chicas esperándolo, bebía unos tragos con ellas y al final se iba con la que más le gustara. Era un pendejo que escribía cosas simplonas para el público en general. Era un rockstar de la poesía comercial. Yo le tenía cierta envidiaba y en el fondo quería ser como él. Quería su fama, su carisma y tener el poder de escribir y provocar sentimientos de calentura, asombro y melancolía entre la gente. Viajar cada fin de semana a una ciudad y hospedarme en un pueblo mágico para sacar una foto de mi café y mis chilaquiles en una terraza concurrida.</p>
<p style="font-weight: 400;">La comunidad de escritores de la ciudad hablaba mal de él. Decían que gracias a él la poesía era corriente y simplona. Que su estilo era una moda. Pero, estoy seguro que muy en el fondo, cuando hablamos tan seguido y tan mal de un pendejo es porque deseamos ser como él o tener algo de su suerte. La gente más estúpida y con baja autoestima le da demasiada importancia a gente famosa a la que no le interesa en lo más mínimo su vida.Sin embargo, tenemos que aprender algo de aquellos que están logrando las cosas que nosotros quisiéramos alcanzar; al menos para entender mejor el camino y conseguir experiencia.</p>
<p style="font-weight: 400;">Fui a un ciber e imprimí un par de textos. No hay que descartar cualquier oportunidad. Estaba emocionado, sentí que aquel día se manifestaría la señal del destino que tanto había esperado. A veces la suerte de un perdedor depende de que otro pendejo esté de buen humor.</p>
<p style="font-weight: 400;">Llegué alrededor de las seis de la tarde. Me pusieron a acomodar sillas. El escenario estaba en el patio. Era un patio de una casona, cabían alrededor de cien personas. Las mesas eran altas, al estilo de aquellos bares donde siempre tienen promociones de cubetas. Como a eso de las siete de la tarde llegó la estrella. Traía una chaqueta de piel, botas vaqueras, unos jeans que me hacían verse más rudo. Entró con una chica, era su manager. Fue hasta el fondo del escenario para revisar el equipo de sonido. Encendió un cigarro y luego escuché que me llamaba mi amiga. Me dijo que me encargara de todo lo que él necesitara. Me acerqué a presentarme.</p>
<p style="font-weight: 400;">-Hola Andrés. Mi nombre es…</p>
<p style="font-weight: 400;">Le dije mi nombre y me pidió una cerveza indio. Cuando regresé pude contemplarlo mejor, sus ojos mostraban cierto cansancio, estaba más flaco que en sus vídeos y no era muy alto. Ya no parecía un rockstar , ya no se veía tan imponente. Era una persona que escribía y que quizás tuvo algo de suerte para llegar a donde estaba. Ese día aprendí que si tienes la oportunidad de conocer a un escritor o poeta famoso lo mejor es no aprovecharla, porque te vas a decepcionar. Aprendí que si conoces a un escritor o poeta famoso evites preguntar ¿qué te inspiró? ¿cómo le haces para escribir? Y la más importante ¿puedo enseñarte algo de lo que escribo? Porque seguramente no lo van a leer; es decir, ellos son escritores, no editores.</p>
<p style="font-weight: 400;">-¿Sabes? Yo también he escrito algunas cosas.</p>
<p style="font-weight: 400;">-Ahh. Qué chido.</p>
<p style="font-weight: 400;">Saqué de mis pantalones un pliego de hojas dobladas y se lo enseñé. Sólo las tomo y las guardó en su chaqueta. Encendió un cigarro y dijo:</p>
<p style="font-weight: 400;">-Lo voy a leer.</p>
<p style="font-weight: 400;">Tuve un poco de esperanza. Pero ¿de qué me sirve que un escritor famoso me lea? ¿Haría alguna diferencia? Me sentí un pendejo desesperado por aprobación. No debí hacerlo. Andrés Ortega era muy buena onda siempre y cuando no te acercaras demasiado a él y no intentaras buscarlo para decirle que tú también escribes. Era normal conservar cierta soberbia; es parte del ego en un artista, no se llega a lo más alto escuchando y dando consejos a todo el que se acerca.</p>
<p style="font-weight: 400;">Sus fans fueron llegando temprano. Los chicos que querían coger esa noche llevaban a la chica que les gustaba a que escuchara a su poeta favorito. Unas cuantas mujeres divorciadas y madres solteras llegaban con alguna amiga. Había chicas muy bonitas y tímidas con sus libros en la mano esperando encontrarse con Andrés. Algunas le llevaron flores, otras dulces típicos de la región, botellas y los entusiastas de la escritura un par de borradores engrapados con poemas inspirados por él.</p>
<p style="font-weight: 400;">Andrés Ortega subió a la tarima entre los gritos y aplausos de sus fans. Algunas le gritaban <em>te amo</em> y otras <em>hazme un hijo</em>. Se detuvo frente al micrófono. Lucía inalcanzable, el escenario le otorgaba cierto poder y por momentos parecía que su destino desde que llegó al mundo había sido brillar y hacer que la luz de su destello fuera agobiante e inmamable para otros. Tenía apenas 28 años con tres libros que habían vendido más de diez mil copias en un país como México donde el promedio de lectura de una persona común y corriente es de medio libro al año.</p>
<p style="font-weight: 400;">Andrés pidió una botella de tequila antes de comenzar, un cenicero y una cubeta de cerveza con hielos. Todo estaba junto a su mesa. Se sentó en un banco alto, encendió un cigarro y abrió su libro y dijo el nombre de su poema: <em>Terminales nerviosas.</em></p>
<p style="font-weight: 400;">Un suspiro colectivo se escuchó por todo el patio. A algunas chicas se les agitó la respiración y otras sintieron una presión fuerte en el pecho. Entre poema y poema se acordaba de una anécdota personal que le resultaba graciosa al público. Los aplausos y las risas fueron provocadas por el poeta durante casi tres horas. Quizás la euforia del momento y el brillo de esperanza en los ojos de las chicas, le hicieron creer a Andrés Ortega que se merecía el público que tenía y que siempre sería famoso.</p>
<p style="font-weight: 400;">Cuando el show terminó se colocó una mesa junto a la tarima. Su representante puso algunos libros y puso orden al ejército de fans que rápidamente rompían las filas para tomarse una foto o para que les firmaran un libro. Su representante anunció que si querían una foto con él eran doscientos pesos. Yo me quedé pensando ¿Es neta vato? La gente pagó quinientos pesos por venir a verte, te compraron libros y hasta te trajeron regalos. Andrés Ortega podía hacer eso porque era la sensación y la gente cree si un artista es mamón es porque no los merece y por ello deben demostrar que eso no es cierto pagando más dinero.</p>
<p style="font-weight: 400;">Andrés Ortega era como un jugador de las Chivas o el Cruz Azul: jugaba con las ilusione de sus fans. No había mucha diferencia entre él y un jugador de futbol: desconocen que su momento va a pasar y cuando se dan cuenta ya es demasiado tarde. La vida es tan cabrona que te trae de regreso a ciertos sitios para recordarte la humildad.</p>
<p style="font-weight: 400;">Andrés terminó muy borracho. La última vez que lo vi en persona fue esa noche en el baño de aquel lugar. Se estaba fumando un cigarro y se iba de lado sobre el gran urinal. Casi se caía y lo ayudé a levantarse. Entre a revisar la taza del baño y encontré una bolsita con lo que parecía ser leche en polvo y un pliego de hojas tirados. Eran mis textos. Andrés no los leyó y tampoco tenía obligación de hacerlo. Pero Andrés Ortega era especial: si sentía que alguien tenía más talento que él en lugar de impulsarlo, buscaba la posibilidad de derrotarle el ánimo para que no sobresaliera y así seguir perpetuando su nombre. Algo así como Vicente Fernández con el regional mexicano.</p>
<p style="font-weight: 400;">Unas semanas después por mis redes sociales, vi que Andrés anduvo en Mexicali, Tijuana, Durango, Tepic, León, Guadalajara, Mérida, Villahermosa, Cancún, Tuxtla y muchas otras ciudades. A donde quiera que iba llenaba. Grandes negocios y marcas lo buscaban, pero a veces se las daba de muy mamón y les decía que: no era comercial. Dejó escapar muchas oportunidades para hacer dinero. Siempre publicaba historias de la ciudad en donde andaba y las botellas caras que pedía en el bar más famoso a donde quiera que fuera. Me di cuenta que entre más veía su trayectoria yo me aguitaba y dejaba de enfocarme en mi obra y mi vida. Dejé de seguirlo, abrí un blog y publiqué mis escritos durante dos años a diario sin parar.</p>
<p style="font-weight: 400;">Una amiga que era muy fan de Andrés Ortega fue a su última presentación en el Gran Teatro de la Ciudad. Habían pasado seis años desde entonces. El boleto más barato costaba setecientos pesos. No fueron más de treinta personas.</p>
<p style="font-weight: 400;">A mí me ha ido bien. Hice una editorial, compré un coche, le ayudé a varios escritores a publicar su libro y ahora voy camino a dar una conferencia frente a trescientas personas en el auditorio de una universidad muy reconocida. La aplicación me notificó: estás por llegar a tu destino. El conductor vio que había una gran fila para poder estacionarse y dijo</p>
<p style="font-weight: 400;">-Yo un día me iba a presentar aquí.</p>
<p style="font-weight: 400;">-Lo sé.</p>
<p style="font-weight: 400;">Saqué de mi saco una tutsipop.</p>
<p style="font-weight: 400;">-Toma, deja de llorar.</p>
<p style="font-weight: 400;">Me bajé de mi coche y la aplicación me preguntó ¿Cuántas estrellas le quieres dar a Andrés Ortega?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>«Cuando casi fui famoso»</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2024/01/26/el-rockstar-de-la-poesia/">El rockstar de la poesía</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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		<title>Qué bueno que te fuiste</title>
		<link>https://quetzalnoah.com/2022/10/09/que-bueno-que-te-fuiste/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Oct 2022 00:49:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[dejar ir]]></category>
		<category><![CDATA[humor]]></category>
		<category><![CDATA[mexico]]></category>
		<category><![CDATA[mochileros]]></category>
		<category><![CDATA[partida]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
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<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/10/09/que-bueno-que-te-fuiste/">Qué bueno que te fuiste</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hola. Te quería decir que desde que te fuiste la neta me dio un bajón bien cabrón. Tuve crisis de ansiedad y comencé a beber y fumar mucho. Me la pasaba irritado y en las fiestas cuando me ponía pedo hablaba de ti y después me ponía bien malacopa con todos. Me volví esa persona a la que no invitaban a las fiestas y por ello mejor se iba a los bares para desahogarme con algún desconocido. Y si no hubiera sido por tu repentina partida, yo no habría llegado un jueves por la tarde a ese bar en Chapu donde había promo de chelas. Esa tarde conocí una morra que pasó caminando mientras yo contemplaba la calle. Se acercó a mí para ofrecerme unas pulseras de macramé que ella tejía. Le dije que no traía feria ¿Y sabes lo que me dijo? Al chile morro te ves bien aguitado, no te conozco,, pero ni un perro de la calle emana esa energía que traes, si ya no te sientes chido aquí deberías irte, siempre habrá un lugar esperándote que te quiere enseñar algo nuevo. Y entonces dije: vergas, tiene razón la morra hippie. Le terminé comprando una pulsera porque sus palabras me encendieron el ánimo. No fueron palabras sabias ni profundas, solamente fue algo que necesitaba escuchar. Creo que así vamos todos por la vida, olvidamos que valemos un chingo y que hay un mundo por descubrir como para quedarse llorando por una persona que realmente no te necesitaba en su vida y ni pedo.</p>
<p>De verdad, estoy muy agradecido de que te hayas ido ¿Y sabes por qué? Porque ese día que conocí a la morra hippie, regresé a mi casa. Agarré una mochila y empaqué mis cosas. Busqué en internet boletos de autobús y me fui a Querétaro. Fui a mi trabajo y les dije que renunciaba. Me di cuenta que a nadie le importó y que uno no se da cuenta que a veces pasa mucho tiempo en un lugar en el que se vuelve desechable. Cuando llegué a Querétaro traía como seis mil pesos. Me quedé en un hostal y conocí unos italianos que me dijeron que iban a ir a Puebla. Nos pusimos una pedota y me terminaron convenciendo de viajar con ellos. En Puebla no pagué hospedaje porque me quedé en casa de uno de sus amigos que vivía en el centro. Puebla tiene como un millón de iglesias en el centro. Conocí el Barrio del Artista y sobreviví comiendo cemitas. Los italianos dijeron que iban a tomar un vuelo a Cancún, pero que me podía quedar en casa de su compa el tiempo que fuera necesario. No quise abusar de su hospitalidad. ¿Y sabes qué hice? Me dejé fluir. Fui a la CAPU y dije: mi siguiente destino será la siguiente salida de cualquiera de estas líneas de autobuses. Me acerqué al ADO y la próxima salida era a Oaxaca. Para mi suerte en el autobús me senté junto a chico que estaba intentando escribirle algo a su novia, se veía que las palabras y eso de escribir no eran lo suyo. Así que le pregunté si podía ayudarlo y me dijo que sí. Le escribí como cinco poemas a su novia ¿Y sabes qué? Me pagó. Me dio quinientos pesos. Salió para mi comida y un hostal en Oaxaca.</p>
<p>Cuando llegué a Oaxaca caminé por el zócalo. Me tomé tres mezcales y comí gusano afuera del mercado. En Oaxaca la gente es muy amable y no tienen tanta prisa como en otros lados. Estando ahí, tuve la idea de acercarme a las parejas y ofrecer mis poemas de amor. Se los recitaba. Me daban monedas a veces y otras me los compraban. Bueno, en un día junté como mil pesos. Así me pasé como tres días en el centro. Y gracias a mi talento para escribir conocí a una pareja que me dijeron que iban a ir a comer hongos a San José del Pacífico. Me dijeron cómo llegar. Me subí a una camioneta en el centro y viajamos tres horas por la sierra. Conocí un pueblo que todo el día estaba nublando, hacía frío y tenían un café de olla inolvidable. Comí hongos en una cabaña con unos alemanes y me sentí bien ligero. De pronto entendí todo el significado de la vida y hablé con la gran energía del universo que se me manifestó en forma de un árbol con sombrero. Luego de ese viaje de hongos, los alemanes me dijeron que iban a ir a Mazunte. Nos fuimos en una combi y en el camino escribí veinte poemas.</p>
<p>Llegamos a Puerto Escondido, me puse una pedota en Zicatela y en la playa conocí a una banda que tocaba reggae. Les compuse una rola y les gustó. Me pagaron con cerveza y porritos. Me di cuenta que era muy feliz. Algunos dirían que era un conformista pero yo me sentí libre por primera vez en más de treinta años. En Mazunte dejé de preocuparme por el dinero por un rato ya que conseguí trabajo en un hostal y me ofrecían hospedaje. Y lo mejor: el hostal tenía un librero, cuando no había viajeros me la pasaba leyendo ¿Qué si conocí chicas? Bastantes, orientales, europeas, mulatas, hindúes, chilenas, uruguayas, argentinas y colombianas, guapas, simpáticas, nada mamonas; no como tú que decía que era muy naco ir a un lugar entresemana porque había promo de chelas. En fin. Me di cuenta que me limitaba mucho por miedo a no agradarte y eso me privaba de la persona de la que ahora estoy enamorado: yo mismo. No pienses que me he vuelto narcisista, mejor dicho, aprendí a darme mi lugar.</p>
<p>Bueno, te quería decir esto, te mando esta postal por si un día te sientes de la chingada como yo alguna vez me sentí te quiero decir que todo tiene una solución, aunque no sepas cuál y algunas veces es irse. Muchas gracias por haberte ido. Jamás me hubiera atrevido a tanto. He aprendido que, aunque las ausencias inesperadas pueden enloquecernos en realidad son el inicio de un viaje inolvidable. Y si estás teniendo un momento abrumador o difícil recuerda esto: algún día estarás con una chelita bien fría frente a una playa del sur riéndote de aquel momento en el que casi querías dejar de luchar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Relatos caguameros, Quetzal Noah</strong></p>
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		<title>16. Gordita</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Feb 2022 01:58:56 +0000</pubDate>
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<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/02/08/16-gordita/">16. Gordita</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me llamo Andrea y tengo casi treinta años. Mis huesos gruesos y la sazón que tiene mi mamá para guisar hicieron que desde niña nunca fuera muy esbelta; bueno lo más esbelta que llegué a estar fue cuando me dio una diarrea por una infección que me dio por atascarme unos salbutes de cochinita en un pueblo de Yucatán. Yo siempre fui la Zoila, Tronchatoro, el tinaco, la vaca, la Peggy, el tanque, la elefanta y todos esos sobrenombres que nos llaman a las personas con sobrepeso. Mi mamá me echaba porras y me consolaba diciendo que yo era muy fuerte. Que un día sería la primera presidenta gordita, la gerente de un importante hotel. Mi mamá era muy optimista, las chicas gorditas como yo aparte de luchar con la tentación de la comida tenemos que luchar con la tentación de no dedicarnos mejor a poner un puesto de garnachas y retirarnos del mundo corporativo. Un día dejaron de importarme los apodos. Y es que yo veía que quién se ponía más triste era mi mamá y luego me llevaba al psicólogo y se gastaba una lana que la neta prefería que mejor se la ahorrara y yo ver si en un momento le ponía sus chingazos a uno de esos morros cagapalos. Lo bueno de ser gordita es que aprendes que la gente puede ser muy culera pero la gente que se te acerca es más real y buena que los grupos de amigos que en se desintegran en la secu y prepa y siempre andan hablando mal de ellos con ira, coraje y recelo. La mayoría de mis amigos siempre fueron raritos y talentosos. Por ejemplo, mi mejor amiga la Mariana, era una genio en las matemáticas. Ahora es ingeniera, era una niña que parecía una comadreja de cuatro ojos, lo bueno era que su papá tenía restaurantes y como yo la defendía siempre me invitaban a comer los fines de semana. Nos llamaban Timón y Pumba. Mi mejor amigo era Carlitos, desde chico era medio afeminado y los niños no se juntaban con él porque ya sabes…si los morros están puñetas es por culpa de las ideas de sus papás. El Carlitos sabía tejer ropa desde niño y quería ser diseñador, pero tiene algo mejor que sería la envidia de muchos vatos que se reían de él: es fotógrafo y tiene una agencia de modelos.  Una vez leí un tuit de una morra que dijo “las gorditas cogen mejor porque piensan que no volverán a tener esa oportunidad”. Jajaja…me reí mucho, pobre morra pendeja la que escribió eso. Las gorditas seguramente cogemos más porque somos menos mamonas, más accesibles y los vatos en las fiestas casi siempre se ponen calientes si te ríes de sus chistes malos, les dices que están guapos y ya te tomaste unas cuatro cheves con ellos. En cambio, he visto vatos en fiestas perder todo el tiempo con una morra flaca y mamona que nomás se anda inflando el ego porque no la pueden conquistar. Así que he tenido mis novios de todos colores, tamaños y sabores. Dicen que les gusta mi forma de ser.  Cuando salí de la prepa muchas morras de la secu que les daba pena juntarse conmigo me hablaron por primera vez. Se dieron cuenta que era a toda madre. Y bueno.  Ahora conozco mucha gente chida que hace cosas chidas y tengo contactos para hacer lo que quiera. Yo me volví escritora. Soy como Botero de literatura para gente poco agraciada físicamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">Quetzal Noah</p>
<p style="text-align: center;"><em>#EscribeMejorConQuetzalNoah</em></p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/02/08/16-gordita/">16. Gordita</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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		<title>6. Átomo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Jan 2022 04:16:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escribe Mejor]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La palabra átomo me hace recordar la grandeza que habita en lo pequeño. Una semilla contiene un árbol. Un espermatozoide</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/01/29/6-atomo/">6. Átomo</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La palabra átomo me hace recordar la grandeza que habita en lo pequeño. Una semilla contiene un árbol. Un espermatozoide y un óvulo a un ser humano. Un cabello guarda una cadena de información que nos remonta a un pasado común. Un minúsculo grano de arena encuentra a sus semejantes y forman un desierto o una playa. De un diminuto punto en el espacio que estalló comenzó la historia del universo y nuestra especie apenas es un átomo entre millones de cuerpos celestes que se explotan y se expanden por el cosmos. Un átomo es más pequeño que una dendrita. Una red de dendritas transmite cargas eléctricas en el cerebro para mantener activos los recuerdos. Y ahora que indago en mis memorias, una tarde de otoño conocí a un chico con el cabello largo, unos jeans de mezclilla rotos, unos tenis converse y una guitarra en la espalda. Le gustaba cantar. No cantaba muy bien pero no podía negar que su entusiasmo me entretenía. Era un chico que descargaba la energía de sus átomos en las letras de sus canciones. Me contó que sus canciones eran para una chica que siempre olía a flores. Su canción decía</p>
<p><em>Tus átomos vibran sobre mí</em></p>
<p><em>eres supernova de jazmín </em></p>
<p><em> </em>¿Por qué te la pasas hablando del universo y cosas que nadie entiende?  Sólo para los curiosos como tú. Me decía con un tono despreocupado. Era pensativo. Pensar lo hacía feliz. Con un cigarro entre los dedos se sentaba en el piso de los pasillos y escribía una canción. Los átomos se alborotaban en ese continente misterioso que abarcaba de su frente a su pecho. Le salían satélites de la mirada. Me hacía sentir pequeño cuando hablaba de átomos y a su vez asombrarme con lo compleja que es la existencia como para ser un accidente divino o cósmico.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>#EscribeMejorConQuetzalNoah</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/01/29/6-atomo/">6. Átomo</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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		<title>Principio de resistencia Capítulo 1</title>
		<link>https://quetzalnoah.com/2021/12/04/principio-de-resistencia-caputulo-1/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Dec 2021 23:15:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
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		<category><![CDATA[cultura]]></category>
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		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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		<category><![CDATA[teoría de la fragilidad]]></category>
		<category><![CDATA[textos propios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un tren de hielo recorre las vías de tu sangre desde el ápice de tu ceja hasta el borde de</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2021/12/04/principio-de-resistencia-caputulo-1/">Principio de resistencia Capítulo 1</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Un tren de hielo recorre las vías de tu sangre desde el ápice de tu ceja hasta el borde de tu tobillo. La sensación de pánico te ha desvanecido las conexiones neuronales, dicho fallo ha hecho que no logres conectar el pasado con el futuro y que en ese momento una sonrisa pendeja se te dibuje por el rostro con cierto nerviosismo, temblando tanto de angustia como de una irreconocible felicidad que dudabas volver a sentir. Lees de nuevo el mensaje:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><em>He estado pensando mucho en ti</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¿Cuándo vamos por un café?</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>La angustia se debe a que conoces exactamente el desmesurado desorden que traen su cabeza debido a que siempre ha necesitado atención en su casa y cuando tú se das le da miedo y termina por desmadrarte. Intentas justificar esa actitud poniéndote el traje de héroe con un ridículo optimismo freudiano, un superyó, crees que ella quiere ser salvada y estás dispuesto a todo, es por ello que te ha llegado esa sensación de irreconocible felicidad.  Has pedido consejos a tu mejor amigo, a tu primo, a un tío borracho divorciado, a una amiga que es madre soltera, incluso te presentaron una hermosa chica en un bar que estaba dispuesta a acostarse contigo esa noche pero lo arruinaste contándole tu triste historia y se dio cuenta de tu severo problema de autoestima. Tal vez eres adicto al dolor y ella ha conocido un montón de tipos con el mismo padecimiento que tú y mejor optó por retirarse de la conversación diciendo que iba al baño y al volver se salió a fumar un cigarro para perder tu atención. Y la miras, ella está contigo, esperan afuera de ese pub estilo escoces, el show de la noche es de comediates standuperos sin talento de Monterrey que cuentan en su rutina el mismo chiste ya sin gracia de que fueron a chilangolandia y preguntaron en un puesto de tacos que por qué la quesadilla no lleva queso. Han pasado apenas quince segundos desde que viste el mensaje, pero ya has tomado la decisión de arruinarle la noche a Claudia y decirle que tienes una emergencia familiar. Estás preparando la mentira en los labios.  Pensamientos divergentes recorren tus lóbulos y hemisferios. Miras para todos lados haciendo una mueca que dice <em>chingado</em> como para confundirla un poco y que ella te pregunte si te pasa algo y entonces prepares la cuartada perfecta para salir corriendo y llamar a la remitente del mensaje. Ella te interrumpe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¿Es ella verdad?</p>
<p>-¿Quién?</p>
<p>Todavía tienes la osadía de hacerte pendejo cuando ella ya lo ha interpretado todo. Ella conoce el lenguaje corporal, ha notado las señales de desesperación que emites como si fueras ese simulacro de alerta sísmica. Todo de ti ha expresado tu deseo de huida.</p>
<p>-Ya sabes quién. Creo que esto no va a funcionar. Me he dado la oportunidad contigo porque pensé que tú también tenías las ganas, pero ya veo que te arrastras el pasado y vuelves a él sabiendo que no hay nada para ti de ese sitio. No es una actitud de una persona evolucionada. Y, en definitiva, así como tú crees que estás para salvarla a ella, yo no estoy para salvarte a ti.</p>
<p>Ella te mira esperando que alguna de sus palabras sea como una ola arreciando la costa para llevarse las palapas de guano. Una sacudida sobre la órbita de atracción hacia esa estrella extinta que se ha quedado sola nuevamente y necesita a alguien para recordarle que sigue brillando. Enciendes un cigarro, te quedas callado, no has dicho nada, entre palabras de reclamo han transcurrido un par de eclipses. Ahora tu mirada vaga por el asfalto, el humo del cigarro entra a la puerta del bar, ella dobla su rodilla y cruza los brazos, alza su vista como buscando la tuya, tu silencio y tus pocos huevos para darle una respuesta certera que le revele el futuro de la relación la desespera un poco. Y ella, lo sabes, padece de los nervios, le dan bajones de ansiedad e histeria. En cierta ocasión te confesó de un impulso que la llevó a buscar cerillos y gasolina en la cochera de su papá para luego encender su casa y cuando su hermano la encontró con la garrafa de gasolina fue cuando se dieron cuenta de lo desajustado de la realidad en sus pensamientos. Su parpado parece temblar, la tomas de la mano y está fría, sus ojos se ponen en un tono cristalino, su piel como leche de almendras y sus diminutas pecas con una nariz pequeña, bien perfilada y sus ojos de un tono aceituna con su cabello castaño ¿de verdad la piensas perder? Es bella, es guapísima, no crees que una chica que lucha con sus pedos mentales esté tratando de dejarlos atrás para darse una oportunidad contigo, sin embargo, la chica con problemas que realmente amas está del otro lado del teléfono. Tal vez mandando el mensaje a los mismos vatos con los que fuma su toque o echa su caguama en la tarde ¿cómo estar seguro de que solo te piensa a ti? Chingado, por un momento en tu vida, déjate de pendejadas, de cometer los errores de siempre sabiendo el desenlace, deja que la historia fluya, ni tú ni ella merecen perderse la diversión, de esta noche, al menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sí. Era ella. Disculpa. Me sacó de mi órbita. No supe cómo reaccionar. Necesito una cerveza ¿Entramos?</p>
<p>Claudia se queda callada, trata de tranquilizarse, sabes de tu participación en ese instante donde su presión sanguínea ha disminuido y sus nervios la han hecho bloquearse. Te acercas, a sus hombros delgados, le dices que lo sientes, tomas su mano y la abrazas.</p>
<p>-Vayamos a otro lugar. Quiero escuchar música. Conozco uno muy bueno. Ya no tengo ganas de comedia.</p>
<p>Entonces caminan hasta Doctor Coss. No conoces el lugar. Ella ha tomado la iniciativa. Quizás es el momento menos indicado para hacer preguntas, llegan hasta la esquina y ella bajo esa gabardina verde miliar alza su brazo para parar un taxi. Un tsuru de color verde se  detiene le abres la puerta y ella se precipita a sentarse y cerrar la puerta. Desde la ventana te tira un beso, y te dice que no se siente bien, se pone sus audífonos, el semáforo cambia de color y el coche acelera.  Ahora te has quedado sin plan, sin chica, sin respuestas, aquella sensación de frío que aparece ante cualquier temor es lo único que te acompaña. Siendo casi las diez de la noche, no sabes a dónde dirigirte, caminas y caminas, entre las casonas del Barrio Antiguo, hasta llegar a la explanada del Museo de Historia. El lugar donde la viste por primera vez. Continuas bajando por el Paseo Santa Lucía, las luces de los restaurantes junto al canal te invitan a tomarte un trago en esa mesa frente al trovador con su guitarra que luce una boina, te sientas y piensas que Claudia estaría disfrutando de esos covers de Fernando Delgadillo y Silvio Rodríguez aunque no sea ese su género musical favorito. Faltan quince minutos para las once de la noche, te has bebido cuatro cervezas batiendo tu propio record en solitario, los cigarros se cruzan en tus dedos como los caballos de un carrusel, el hombre de la guitarra avisa al público que está por retirarse. A estas alturas de la noche, a la tenue luz de efecto polaroid que hace el agua del canal junto a las mesas te ha entrado ese minuto de reflexión, la constante idea de que la has estado cagando con las oportunidades para hacer algo diferente en tus relaciones sentimentales ronda entre el humo del cigarro y la espuma de cerveza subiendo a la boca del vaso. Quieres hacerte a la idea de que lo complicado es lo que vale la pena, por aquello que por lo que hay que luchar hasta que el corazón esté hecho fragmentos de cristal cayendo sobre el suelo que tú mismo pisas, pero esa es una idea muy pendeja, de chavos de secundaria hasta los primeros semestres de la universidad. Se ha puesto muy de moda eso del amor bonito, de aprender a quererse a sí mismo, sin embargo, casi nadie lo práctica, tienes un montón de conocidos compartiendo ese compendio de frases en facebook de escritores mediocres que no salen del mismo tema que no ponen en práctica eso que se la pasan compartiendo porque perpetuán el ciclo de víctimas sintiendo la tristeza y la indiferencia en cada canción de desamor escuchándose en la radio un día cualquiera, y ahora lo sabes, eres uno de ellos, de esos que se la pasan pidiendo consejos en las relaciones cuando en el fondo no quieres un consejo sino que te digan lo que quieres escuchar: el amor es así, complicado, lucha, si no te valora lo hará cuando te alejes…pero alejarse no significa regresar. El celular vibra, es un mensaje de Claudia.</p>
<p style="text-align: center;"><em>Tuve que irme. Disculpa que haya sido así. </em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Sería mejor no vernos por un tiempo.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Principio de resistencia </strong>Es la secuela de Teoría de la Fragilidad.</p>
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		<title>Reflexión sobre los huracanes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Apr 2019 14:35:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo cuando el huracán Alex inundó la ciudad, se dañó el concreto de las avenidas y muchas colonias, también se inundó el Río Santa Catarina, las canchas de futbol quedaron sepultadas, los postes viajaron por todo el río, tal vez ya fueron vendidos como fierro viejo en algún lugar de Reynosa. Esa misma semana también el cáncer se había llevado a la mamá de mi mejor amiga. Entre tanta tragedia también había aparecido Marisa. Fue algo muy extraño porque la noche que la vi llovía demasiado, las calles estaban inundadas y sin embargo ahí estábamos, bajo el techo de madera de La Barca del Tec. Pedimos dos tarros enormes de cerveza. Me gustaba lo osada de Marisa, tocaba la batería, trepaba bardas, estudiaba en la Udem, de tres veces que llegué a verla, las tres conducía un coche diferente, una vez traía un Mustang, fue esa misma noche en que la invité a salir, yo me fui caminando al bar para ahorrarme el taxi porque desde que tengo memoria soy el único de mis amigos que no ha tenido su propio coche. Es divertido ver cómo cuando no tienes demasiada expectativa en nada las cosas pueden resultar mejor, es lógico. Yo la recuerdo con su cabello largo, unos jeans con unas chanclas muy coquetas, una blusa de tirantes y unos collares de estilo hippie. En esa época yo usaba converse, tenía el cabello demasiado largo y con flequillo muy al estilo de los Beatles, me veía horrendo, pero por alguna razón andar así me hacía sentir seguro, quizás porque no esperaba que la gente apostara su confianza en mi apariencia. Vale madre todo cuando aprendes desde muy chico a confiar en ti. Tal vez esa era la razón por la que esa chica que tenía tres coches y estudiaba en la mejor universidad privada de la ciudad estaba ahí bebiendo un tarro de cerveza conmigo en el día donde el huracán arrasó con todo y nosotros éramos los únicos conversando en el bar, la escena podía compararse con la de dos jóvenes que se esconden en un hotel huyendo de una persecución militar y desde la ventana al ver el desastre afuera lo único que les queda es conversar para más adelante distraerse haciendo el amor. Ahora que lo recuerdo no le presté mucha atención a Marisa, creo que realmente a ninguna chica le prestó demasiada atención, las idealizo, las vuelvo musas, inspiraciones y de pronto caigo en cuenta que solamente es una fantasía, las personas no son tan interesantes ni inteligentes como uno cree. Al menos Marisa era real, le gustaban los Beatles, la pizza, creía en las reencarnaciones y le su película favorita era I love Huckabees. Le pedí que me la prestara la próxima vez que nos viéramos. No recuerdo dónde fue pero me llevó la película. Siempre pensé que esa película era un buen motivo para volvernos a ver. El día que me la pidió no le hice mucho caso, me hice el interesante y fallé. Me la pidió de nuevo y no se la quise devolver porque sabía que toda nuestra historia terminaría ahí. Creo mi cabeza estaba llena de mucha mierda al ver la película de Amarte Duele donde Martha Higareda se enamora de un vato bien jodido y talentoso. Yo no estaba tan jodido pero tampoco era talentoso. Marisa terminó como el inicio, sin prestarme demasiada importancia, alejada de las redes sociales, y qué bueno porque yo era demasiado insistente y dramático, mi mayor defecto es mostrar rápidamente lo inseguro que puedo llegar a ser. Los huracanes se llevan ciudades, destruyen techos, deslavan cerros, levantan el asfalto, se llevan a su paso lo que pueden, y uno entiende porque muchos llevan nombres de personas, creo que el huracán Alex bien pudo llamarse Marisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>El hombre del telescopio que apuntaba a las lunas de Júpiter, Quetzal Noah</strong></p>
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