Diario Viajero

Viajar por la Baja Sur

Hace 10 años tuve la oportunidad de cruzar en en ferry desde la había de Tompolobampo en Los Mochis, Sinaloa hasta la La Paz. En aquella ocasión recuerdo que el barco parecía más que nada un vagón de tren marginado. No había muchos turistas. La mayoría de los pasajeros eran personas que se dirigían a la pizca de uva en Ensenada.

Ahora en este mes de mayo del presente año crucé desde Mazatlán. El barco me pareció una experiencia que hay que darse si se tiene la posibilidad. Las salas de pasajeros tenían televisión y asientos amplios. Casi no me quedé ahí. Pues la recepción era grade, tenía videojuegos y un bar. En la parte de arriba un restaurante con ventanas que ofrecían una vista al océano muy inspiradora. La cubierta tenía bancos para disfrutar el recorrido. El trayecto para llegar a La Paz es de 12 horas. Si se tienen cincuenta pesos a la mano se puede rentar un sillón puff o una colchoneta y dormir cerca de alguna ventana de la recepción. Muy buena improvisación para un hospedaje ¿no? Recomiendo cargar suficiente efectivo para disfrutar de un par de cervezas por la noche para irse a dormir agusto.

Cuando llegamos a La Paz era de mañana. La inspección aduanal  fue rápida y amable. Un autobús por cincuenta pesos te lleva hasta el centro histórico de la ciudad. Si algo se nota en este sitio es la tranquilidad. La vida no va muy aprisa. No parece que haya motivo para tenerla. Sus calles amplias entre casas y comercios de influencia gringa dan una interesante visión del panorama. Cerca del centro hay opciones de hospedaje económicas que no se encuentran en sitios web. Así que se pueden ahorrar unos cuantos pesos si se tiene tiempo. 

Lo primero que se debe hacer una vez instalado es darse una vuelta por el Malecón disfrutando del mar y sus embarcaciones. Se puede rentar una bicicleta, scooter o una longboard a control remoto. La gente conserva limpio y seguro este paseo. Pues dentro de él no hay vendedores ambulantes ni restaurantes instalados sobre la playa. Las palapas están disponibles para todo aquel que las encuentre desocupadas. Hay gran variedad de restaurantes y bares. Yo encontré uno muy bueno para comer tostadas de camarón llamado El Parnazo. No hay que dejar de disfrutar una ballena Pacífico pues en ningún lado del país su sabor deleita tanto los sentidos como en este paraíso de calma.

 


 

Se puede llegar en bus a El Tecolote y Balandra. Así como explorar a pie sus cerritos con su chulisima variedad de cactus. Se puede rentar un kayac por unos cuatrocientos pesos para remar desde el Malecón hasta el manglar del Mogote. Vale la pena hacer brazo con el remo para visitar esa isla que te invita a meditar sobre el horizonte. No hay que perderse los atardeceres. Cabe de resaltar que la mayoría de los turistas que se ven por acá son gringos enamorados de México.

 

 

Aquí no acaba la aventura. Pues a unos cuarenta kilómetros se llega al Pueblo Mágico de Todos Santos. En un principio famoso por su Hotel California. Un encantador y peculiar sitio. Tan fresa como San Miguel de Allende y tan tranquilo como Valladolid. Alrededor del centro podemos encontrar en sus banquetas vegetación de la región adornando sus calles para placer visual de sus visitantes. Joyerías, talleres de artistas y mercados de finas artesanías le dotan de una variedad cultural que hace querer a uno venir a escribir un nuevo libro. Buscando en sitios web no pude encontrar un alojamiento por menos de mil pesos la noche. Así que decidí aventurarme esperando tener un poco de suerte; el cielo nos sonrió esa tarde, pues encontramos un hotelito con piscina en quinientos pesos la noche a menos de una cuadra del California. Hay que ir a contemplar los atardeceres a Playa Lobos y Cerritos que son un cuadro de nostalgia ante la belleza de la creación.

 

El recorrido continuó hasta San José del Cabo. Saliendo del pueblo el bus cuesta alrededor de doscientos pesos. Se hacen casi dos horas de camino. Qué mejor si se llega en jueves, ya que a la plaza Mijares de San José salen a exponer sus obras un conjunto de artistas de la región y viajeros, mientras se puede disfrutar de la música en vivo en un montón de restaurantes. Me pareció genial escuchar rock viejito por todos lados; es lo que aman los gringos que se pasean por estas calles. Hay que tener cuidado dónde se come; pues nos llevamos una decepción por unos tacos de arrachera que comimos en uno de estos lugares pipirinais que adornan la avenida que conecta a la plaza. Conocimos la Baja Brew; un bar con la mejor cerveza artesanal de la región. Por cierto el hotel salió en cuatrocientos pesos justo a una cuadra de la plaza. Moraleja: Si no hay hoteles baratos en los sitios web; es mejor llegar al lugar un explorar las posibilidades. 

La ruta terminó en Cabo San Lucas. El sitio de más fiesta en toda la Baja Sur. Hace unos años la mayoría de la gente que se veía caminar por la Marina y su zona de discos eran gringos pensionados. Se ve que la promoción turística va en aumento pues esta ocasión paseaban un montón de jóvenes. No te dejes engañar: el tour en lancha para ver las formaciones rocosas y bañarte en la playa del amor, no te debe costar más de trescientos pesos si eres turista nacional. Así que acércate a los locales y compara los precios. Se pasa muy buen rato dejando volar la imaginación viendo las formaciones rocosas. Verás los lobos marinos muy cerca de las embarcaciones; y si tienes suerte hasta una ballena.

 

Quetzal Noah

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