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	<title>viajes archivos - Quetzal Noah</title>
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		<title>Las intermitencias del viaje</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Oct 2024 17:54:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diario Viajero]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Viajar en trenes. Perder un par de buses. Beber cerveza barata y de gran calidad. Batallar para comprar billetes de tren o encontrar personal de información turística. Leer un par de libros en el trayecto de los viajes. Contemplar cuadros y cuadros de pinturas que te provocan extrañas mareas de bichos en las entrañas de la felicidad. Comer kebabs a falta de tacos. Ser mal atendido por personal turco o pakistaní. Buscar un imán en cada lugar. Beber café negro y pesado. Desayunar a diario cruasán. Caminar más de quince kilómetros diarios. Decepcionantes habitaciones reservadas por booking. Intentos de estafa en cada plaza. Yunkies y migrantes carcomidos por la desesperanza y el olvido en las estaciones de tren. Hedores insoportables de humanos que detestan el baño diario en el transporte público. Pinchos de frutos del mar e iglesias que te cobran por encender una vela. Vendedores neuróticos y chinos amables atendiendo en sus tienditas. Nostalgia por los jardines de Viena y un leve hastío por el turismo masivo en Roma y Venecia. El fracaso en la expectativa de la vida nocturna en Ámsterdam y la asombrosa calidad laboral y de vida en Luxemburgo. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>Son algunas de las cosas latentes que yacen en el diario de mis viajes. Y pienso en algo: un libro me trajo todo esto.</strong> </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">Quetzal Noah</p>
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		<title>Historias de la cerveza: La dorada ice en Flores</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Feb 2024 17:39:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de la cerveza]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; La primera vez que bebí una cerveza extranjera fuera de México fue en Guatemala. Entré a aquel país por</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2024/02/29/historias-de-la-cerveza-la-dorada-ice-en-flores/">Historias de la cerveza: La dorada ice en Flores</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>La primera vez que bebí una cerveza extranjera fuera de México fue en Guatemala. Entré a aquel país por el lado de Belice. Recuerdo que, por distraído, no sellé mi pasaporte al entrar y ninguna autoridad lo notó hasta que intenté llegar a El Salvador; pero esa es otra historia.</p>
<p>Anduve un rato explorando ese cruce fronterizo, llegué a un pueblo donde la economía prosperaba en base a las abarroteras. Tomé una combi hasta Flores, Petén. En el paradero de camionetas salían tuctucs que iban hasta la Isla por 10 quetzales (unos veinte pesos en aquel entonces). La Isla de Flores estaba pegada a la ciudad. Lo particular de la Isla es que era un pueblo pintoresco, colorido, con una vista hermosa al lago, lleno de calles empedradas. Era como un pueblito de Cinque Terre, en Italia o como Guanajuato sólo que rodeado de agua.</p>
<p>Justo en el centro de la isla se alzaba una loma en donde se asentaba una plaza con una iglesia y una cancha de basquetbol. Junto a la cancha un par de tejabanes expendía refrescos y golosinas. Lo que me sorprendió aquella vez fue que vendían cerveza. Sí, en un parque junto a una iglesia. Algunos muchachos bebían sin preocupación alguna. Un par de policías pasó y no les dijo nada. Supuse que era habitual. Quise sentirme parte del lugar y pedí una. Cinco quetzales me costó (unos diez pesos). En ningún lugar que estuve antes una cerveza me había salido tan barata. La lata era azul y decía <em>Dorada Ice</em>. Era refrescante, hacía un calor húmedo y mi camiseta estaba pegada al cuerpo y mis pies hinchados. Pero en aquel momento, las fronteras del sabor se abrieron ante mis labios y me sentí un viajero iniciando su nueva aventura. Fui el muchacho más afortunado del mundo en ese instante.</p>
<p>Esa tarde caminé por la Isla y encontré un hostal. Mi tarjeta no pasó porque estaba bloqueada para hacer compras en el extranjero. De cualquier forma, sólo llevaba como quinientos pesos en ella. La señorita de la recepción se portó con esa notable amabilidad de los guatemaltecos y me dejó instalarme. Le conté mi situación y me dijo que podía hacer una llamada desde las oficinas de turismo de la isla.</p>
<p>Dejé mis cosas, sólo tomé la guitarra. En la parte del malecón de la Isla había un par de restaurantes, discotecas y bares. Y en un apartado puestos de deliciosos manjares callejeros. La gente se sentaba en una barra de piedra junto al lago. Yo saqué la guitarra y canté un par de canciones de José Alfredo. Saqué para pagar mi hostal y cenar. Y hasta me sobró para regresar a una tienda y comprarme otro par de cervezas <em>dorada ice</em>. Estaba chupando en otro país, ya era un bebedor internacional.</p>
<p><em>A veces sólo hay que dejar que la vida suceda y dejar que su nos enseñe su ritmo para bailar con ella.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Zona de turbulencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Jan 2024 17:55:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones y consejos]]></category>
		<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
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<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2024/01/06/zona-de-turbulencia/">Zona de turbulencia</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Me subí al avión. El vuelo era de madrugada. Hacía un clima frío y húmedo en la ciudad. Así despedía la temporada de fiestas. Tomé mi teléfono y busqué un libro entre mis archivos, ya que la cabina del avión venía oscura porque la mayoría de los pasajeros prefieren dormir cuando el vuelo es tan temprano. A tres mil pies de altura el avión se agitó entre las heladas nubes y los vientos árticos. Era como si King Kong hubiese tomado la nave desde un ala y jugara con ella. Recuerdo que la primera vez que me sentí nervioso por una turbulencia fue en un vuelo de Lima a la Ciudad de México, y eso fue porque el vuelvo duraba más de cinco horas y duramos alrededor de una en la zona de los problemas. Escuché a una señora susurrar que el ver por la ventana le daba pánico. Supongo que hay mucha gente que se ha subido decenas de veces a un avión y aún le da nervios la zona de turbulencia. A mí ya me pasó esa etapa, es como una alegoría de la vida misma. Alguien lleva el mando de la nave, y cuando hay problemas no queda más que controlarle para dejar que pase porque hay situaciones en las que guardar la calma es lo único y lo más efectivo que se puede hacer. Dejar que la crisis reviente como una burbuja y observarla con atención. Me recuerda a un koan de la filosofía zen que un maestro una vez dijo a sus disciplina: En medio del bosque te persigue un tigre ¿Qué haces?. El tigre es el caos, el pánico, el peligro y todo lo que representa aquello de lo que no tenemos control. Cuando lo reflexiono de esa forma, la zona de turbulencia no parece ser un gran problema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></p>
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		<title>La novela que influenció al movimiento hippie</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Oct 2023 18:49:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>
		<category><![CDATA[jack kerouac]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si alguna vez nos hemos visto o hemos tenido la oportunidad de platicar. Seguramente te he dicho que Jack Keorouac es uno de mis escritores favoritos. Tengo gratos recuerdo de él, viviendo en modo hippie en una vieja discoteca de Petén en Guatemala leyendo <em>Los Vagabundos del Dharma</em> en una versión digital que descargué en mi teléfono porque en ese entonces yo andaba mochileando con un telescopio y una guitarra y para darle ánimos a mi travesía tuve la fortuna de encontrarme con ese libro, o más bien,<span class="Apple-converted-space">  </span>ese libro me estaba buscando a mí.<span class="Apple-converted-space">  </span>Me habría gustado llevarlo en una versión física y leerlo cada vez que lo necesitara para subrayar los fragmentos que me daban consuelo cuando tenía hambre o me sentía muy solo. Si bien, yo considero que la mejor obra de Jack Kerouac son Los vagabundos del dharma, no siempre la obra más conocida de un artista suele ser la mejor.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Su libro más conocido e<i>s On the road</i> (<i>En</i> <i>el camino </i>en español). Para que un libro se vuelva tan significativo también debe tener su propia lucha por sobrevivir.<span class="Apple-converted-space">  </span>Cuenta la leyenda urbana que Jack Kerouac lo escribió en un rollo de papel higiénico porque no tenía cuadernos. El relato es un episodio de una juventud americana traumatizada por los horrores de la Segunda Guerra Mundial que trata de vivir de la caridad del sistema que por obligación tuvieron que defender. Los personajes buscan la fiesta, el jazz, la poesía, los trances psicodélicos a través de las sustancias, la meditación, las filosofías orientales ya que al cristianismo les quedó a deber como juventud y producto de salvación espiritual. Tras un largo viaje de mochileros en autoestop de costa a costa, desde Nueva York hasta California, el libro se publicó en 1957.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>El libro destaca por una descripción muy nítida de los paisajes norteamericanos. Desde Nueva Orleans, Chicago y hasta la Ciudad de México conduciendo en un viejo Cadillac siempre con una botella de vino en la ma. Creo que poca gente ha dimensionado el impacto cultura de su obra. Pues poco después de que se publica este libro comienza una generación que pone en auge el rocanrol, las bandas psicodélicas, los viajes a lugares místicos de México en búsqueda de respuestas, una juventud queriendo abandonar los estigmas de la sexualidad impuestos por la moral religiosa. Podríamos decir que la cúspide de este movimiento fue Woodstcock y en México Avandaro.<span class="Apple-converted-space">  No puedo evitar pensar que Carlos Castañeda leyó la novela y sintió curiosidad de buscar el peyote en el desierto mexicano al igual que Jim Morrison. Por cierto, Jack Kerouac es un escritor de la generación <i>beatnik</i> a la cual perteneció también Bob Dylan. Cuenta John Lennon que la primera vez que se echó un toque fue con Bob Dylan cuando Dylan ya era todo un icono cultural y los Beatles una banda emergente. ¿Cómo no pensar que la literatura siempre fue parte del rock de los 60s?</span></p>
<p>NUNCA SUBESTIMEMOS EL PODER DE LA MÚSICA Y LA LITERATURA PARA INFLUIR EN TODA UNA GENERACIÓN</p>
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		<title>Qué bueno que te fuiste</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Oct 2022 00:49:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hola. Te quería decir que desde que te fuiste la neta me dio un bajón bien cabrón. Tuve crisis de ansiedad y comencé a beber y fumar mucho. Me la pasaba irritado y en las fiestas cuando me ponía pedo hablaba de ti y después me ponía bien malacopa con todos. Me volví esa persona a la que no invitaban a las fiestas y por ello mejor se iba a los bares para desahogarme con algún desconocido. Y si no hubiera sido por tu repentina partida, yo no habría llegado un jueves por la tarde a ese bar en Chapu donde había promo de chelas. Esa tarde conocí una morra que pasó caminando mientras yo contemplaba la calle. Se acercó a mí para ofrecerme unas pulseras de macramé que ella tejía. Le dije que no traía feria ¿Y sabes lo que me dijo? Al chile morro te ves bien aguitado, no te conozco,, pero ni un perro de la calle emana esa energía que traes, si ya no te sientes chido aquí deberías irte, siempre habrá un lugar esperándote que te quiere enseñar algo nuevo. Y entonces dije: vergas, tiene razón la morra hippie. Le terminé comprando una pulsera porque sus palabras me encendieron el ánimo. No fueron palabras sabias ni profundas, solamente fue algo que necesitaba escuchar. Creo que así vamos todos por la vida, olvidamos que valemos un chingo y que hay un mundo por descubrir como para quedarse llorando por una persona que realmente no te necesitaba en su vida y ni pedo.</p>
<p>De verdad, estoy muy agradecido de que te hayas ido ¿Y sabes por qué? Porque ese día que conocí a la morra hippie, regresé a mi casa. Agarré una mochila y empaqué mis cosas. Busqué en internet boletos de autobús y me fui a Querétaro. Fui a mi trabajo y les dije que renunciaba. Me di cuenta que a nadie le importó y que uno no se da cuenta que a veces pasa mucho tiempo en un lugar en el que se vuelve desechable. Cuando llegué a Querétaro traía como seis mil pesos. Me quedé en un hostal y conocí unos italianos que me dijeron que iban a ir a Puebla. Nos pusimos una pedota y me terminaron convenciendo de viajar con ellos. En Puebla no pagué hospedaje porque me quedé en casa de uno de sus amigos que vivía en el centro. Puebla tiene como un millón de iglesias en el centro. Conocí el Barrio del Artista y sobreviví comiendo cemitas. Los italianos dijeron que iban a tomar un vuelo a Cancún, pero que me podía quedar en casa de su compa el tiempo que fuera necesario. No quise abusar de su hospitalidad. ¿Y sabes qué hice? Me dejé fluir. Fui a la CAPU y dije: mi siguiente destino será la siguiente salida de cualquiera de estas líneas de autobuses. Me acerqué al ADO y la próxima salida era a Oaxaca. Para mi suerte en el autobús me senté junto a chico que estaba intentando escribirle algo a su novia, se veía que las palabras y eso de escribir no eran lo suyo. Así que le pregunté si podía ayudarlo y me dijo que sí. Le escribí como cinco poemas a su novia ¿Y sabes qué? Me pagó. Me dio quinientos pesos. Salió para mi comida y un hostal en Oaxaca.</p>
<p>Cuando llegué a Oaxaca caminé por el zócalo. Me tomé tres mezcales y comí gusano afuera del mercado. En Oaxaca la gente es muy amable y no tienen tanta prisa como en otros lados. Estando ahí, tuve la idea de acercarme a las parejas y ofrecer mis poemas de amor. Se los recitaba. Me daban monedas a veces y otras me los compraban. Bueno, en un día junté como mil pesos. Así me pasé como tres días en el centro. Y gracias a mi talento para escribir conocí a una pareja que me dijeron que iban a ir a comer hongos a San José del Pacífico. Me dijeron cómo llegar. Me subí a una camioneta en el centro y viajamos tres horas por la sierra. Conocí un pueblo que todo el día estaba nublando, hacía frío y tenían un café de olla inolvidable. Comí hongos en una cabaña con unos alemanes y me sentí bien ligero. De pronto entendí todo el significado de la vida y hablé con la gran energía del universo que se me manifestó en forma de un árbol con sombrero. Luego de ese viaje de hongos, los alemanes me dijeron que iban a ir a Mazunte. Nos fuimos en una combi y en el camino escribí veinte poemas.</p>
<p>Llegamos a Puerto Escondido, me puse una pedota en Zicatela y en la playa conocí a una banda que tocaba reggae. Les compuse una rola y les gustó. Me pagaron con cerveza y porritos. Me di cuenta que era muy feliz. Algunos dirían que era un conformista pero yo me sentí libre por primera vez en más de treinta años. En Mazunte dejé de preocuparme por el dinero por un rato ya que conseguí trabajo en un hostal y me ofrecían hospedaje. Y lo mejor: el hostal tenía un librero, cuando no había viajeros me la pasaba leyendo ¿Qué si conocí chicas? Bastantes, orientales, europeas, mulatas, hindúes, chilenas, uruguayas, argentinas y colombianas, guapas, simpáticas, nada mamonas; no como tú que decía que era muy naco ir a un lugar entresemana porque había promo de chelas. En fin. Me di cuenta que me limitaba mucho por miedo a no agradarte y eso me privaba de la persona de la que ahora estoy enamorado: yo mismo. No pienses que me he vuelto narcisista, mejor dicho, aprendí a darme mi lugar.</p>
<p>Bueno, te quería decir esto, te mando esta postal por si un día te sientes de la chingada como yo alguna vez me sentí te quiero decir que todo tiene una solución, aunque no sepas cuál y algunas veces es irse. Muchas gracias por haberte ido. Jamás me hubiera atrevido a tanto. He aprendido que, aunque las ausencias inesperadas pueden enloquecernos en realidad son el inicio de un viaje inolvidable. Y si estás teniendo un momento abrumador o difícil recuerda esto: algún día estarás con una chelita bien fría frente a una playa del sur riéndote de aquel momento en el que casi querías dejar de luchar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Relatos caguameros, Quetzal Noah</strong></p>
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		<title>¿Cómo va tu viaje?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Jul 2022 15:15:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diario Viajero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Yo he viajado de un lado a otro. He conocido gente buena que te abre las puertas de su casa</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/07/14/como-va-tu-viaje/">¿Cómo va tu viaje?</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Yo he viajado de un lado a otro. He conocido gente buena que te abre las puertas de su casa porque su corazón es noble. También he conocido que pueden hacerse pasar por buenas porque quieren sacar algún provecho de ti.  En instancias de lo absurdo y lo imaginario he comprobado que llegan muy lejos los que aprenden a creer en sí mismos y tejen una fortaleza a base de tropiezos y reconocen sus propios errores. Un gran tramo de tu viaje lo vas a recorrer con personas que van a evolucionar como tú y tendrán que tomar una dirección distinta a la tuya. Al final todos volveremos al mismo lugar de donde partimos antes de llegar a esta vida. Lo más sabio en cuanto a lo humano es tu propia conciencia, si te atormenta y te persigue debes aprender a perdonar. Lo que realmente te hace libre no es el dinero sino el tiempo que dispones para encontrar lo que brota en lo más profundo de ti. Yo he viajado de un lado a otro y he visto muchas cosas, desgracias, injusticias, peligros y también amaneceres, ciudades con bóvedas de oro, calles de plata, campos de alegres rosas con destello inmarcesible, besos de esperanza y abrazos reparadores. He visto héroes sin capa que dan de comer a perritos en la calle y gente afuera de los hospitales. He sido prófugo de la rutina, cantante de camiones, astrónomo de las calles, campeón de autogoleo en la liga de escritores. Confío firmemente en el poder de la música, la poesía y los libros. Una palabra puede ser un boleto para viajar a otro país. Sin embargo, todo lo que te digo es solamente es parte de mi viaje, es lo que me consta y he aprendido, puedo cambiar de opinión porque soy enemigo de lo que digo ya que cada día noto que soy alguien diferente. Todos estamos haciendo un viaje. Algunos están cargando combustible emocional, unos entraron a zona de turbulencia, unos ya se enamoraron de un lugar, otros toman un descanso porque saben que irán muy lejos y otros salieron bien preparados. Y tú cuéntame ¿Cómo va tu viaje?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>¿Cómo volverse mochilero?</strong></p>
<p style="text-align: center;">Quetzal Noah</p>
<p style="text-align: center;">
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		<title>Calor de Tabasco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Apr 2022 15:40:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diario Viajero]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[anecdotas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Día 2 La siguente para era Villahermosa. Salimos a desayunar un buen pozol con tacos de cochito. Hablé con Alessandro</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/04/06/calor-de-tabasco/">Calor de Tabasco</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Día 2</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">La siguente para era Villahermosa. Salimos a desayunar un buen pozol con tacos de cochito. Hablé con Alessandro por teléfono y me dijo que el calor era insoportable.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Por equivocación tomamos una carretera vieja llena de baches por donde salimos a Huamanguillo. Hicimos una hora más de lo previsto. Nos detuvimos en dicho pueblo para comprar piña picada. Cabe de resaltar que en todos los ejidos apenas era 1 de la tarde y la gente ya estaba bebiendo su cerveza bien helada.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Al acercarnos al Villahermosa paramos a cargar gasolina. Y el oxxo estaba repleto de trabajadores comprando cerveza cuando todavía eran apenas las tres de la tarde. Entramos a la ciudad y todo alrededor eran pantanos, ríos y lagunas. Grandes cadenas departamentales y un centro de la ciudad descuidado, sucio pero eso sí: se notaba que había un gran poder adquisitivo.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Nos instalamos en el hotel y nos dimos un chapuzón el la alberca ya que el calor era terrible. Llegamos a las 8 pm al Café México. Un notable grupo de lectores esperaba sonriente mi acto.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Luego de una hora y media de lectura y anécdotas vi entrar a un rostro que me parecía conocido. ¡Era Gerardo! El sujeto agradable que la noche anterior conocimos en Tuxtla. Se esperó a que terminara a función para invitarnos a cenar. Gerardo nos contaba que tenía un puesto administrativo en Pemex y que en sus años de estudiante viajó a Londres y quería estudiar para actor.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Nos tenían reservada una mesa en un restaurante de cortes en donde nos recomendó un costillar de res que hasta se me hace agua la boca nomás de recordar la textura suave de aquella carne que se deshacía como barbacoa en el paladar.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Gerardo nos platicó que entró a un curso de escritura de guión. Muchos de los alumnos ya tenían conocimiento para escribir. Gerardo se sentía apenado por no estar a la altura. Y su profesor le dijo: Te prohibo sentir que eres menos que los demás cuando has decidido venir tú aquí a aprender.</div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16"></div>
<div dir="auto" style="text-align: center;" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16"><strong>Quetzal Noah</strong></div>
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		<title>Llegando a Tuxtla con Lord Banquetas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Apr 2022 19:37:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diario Viajero]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[escritores]]></category>
		<category><![CDATA[escritos]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Salimos de Comitán a eso del mediodía. La idea era estar en Tuxtla a las 3 de la tarde para</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Salimos de Comitán a eso del mediodía. La idea era estar en Tuxtla a las 3 de la tarde para disfrutar de un botanero junto a nuestro amigo Alessandro. Yo tenía que recoger uns fanzines para regalar durante la gira. Tuvimos el pequeño detalle de que no estaban listos. Chingada madre. Ya ni modo. Pedí el anticipo debido a que me quedaron mal y resulta que en la caja del negocio no tenían efectivo. Enojado y mentando madres pedí hablar con la encargada y me comunicaron con ella. Les insistí en que me devolvieran lo mío. Ellos negociaron darme el trabajo en media hora y no pagar el resto. Fue un intercambio que me dejó satisfecho. En lo que esperabamos Alessandro daba un último vistazo a Comitán mientras bebíamos un carajillo en la Esquina de Belisario.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Durante el trayecto Alessandro editaba vídeos. Será que al menos yo nunca había visto trabajar a un influencer pero qué chinga se mete en la edición. Mi trabajo es escribir y me toma una jornada considerable hacerlo. Veía a Alessandro enfocado como todo un profesional.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Hablamos de Europa, las tradiciones italianas y que muy seguramente traería a su familia para cambiar ya la ruta que siempre era Cancún. En la plática surgió el recuerdo de unos amigos nigerianos muy graciosos con los que crecimos en Monterrey.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">No hubo bloqueos entrando a Tuxtla. Le ha faltado eso a Alessandro para decir que realmente tuvo una experiencia muy chiapaneca. Nos instalamos en el hotel y salimos con rumbo al Restaurante Candilejas. Nos prepararon una mesa muy coqueta para charlar. La sala tenía un montón de libros entre sus estantes lo que nos daba una atmósfera alternativa. Alessandro me confesó estaba un poco nevrvioso. Alternamos temas. Yo entre poesía y cosas que le pasan a autores independientes y él entre apreciaciones de lo bueno que tiene México y bromas sobre un mal de amores con una sureña.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Un hombre bastante agradable nos comentó que le gustaba la poesía. Dijo algo así que lo mío era salvaje, una cosa que incita a mantenerte en movimiento. Se llamaba Gerardo y venía de Villahermosa</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Entre regalos y libros firmados terminamos en La Mote en donde nos atascamos de botanas y tragos de vodka de tamarindo patrocinado por Alessandro.</div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16"></div>
<div dir="auto" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16"></div>
<div dir="auto" style="text-align: center;" data-removefontsize="true" data-originalcomputedfontsize="16">Quetzal Noah</div>
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		<title>¿Cómo volverse mochilero? Cap1</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Mar 2022 20:19:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[historiareal]]></category>
		<category><![CDATA[historias]]></category>
		<category><![CDATA[mochilero]]></category>
		<category><![CDATA[novela]]></category>
		<category><![CDATA[relato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lo último que supe sobre Gulliver fue que lo encontró una tribu de hombrecillos y mujercillas que cabían en la</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/03/26/como-convertirse-en-mochilero-cap1/">¿Cómo volverse mochilero? Cap1</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Lo último que supe sobre Gulliver fue que lo encontró una tribu de hombrecillos y mujercillas que cabían en la palma de una mano. Encontré ese libro en un bazar casero de la colonia Roma en la Ciudad de México y me costó veinte pesos. Era una edición vieja, de esas que tienen el aroma a historia y librero de caoba. No pudo continuar el viaje conmigo porque se quedó en el bus de comerciantes en el que salí aquella noche de verano. Iba de Puebla con rumbo a San Cristóbal de las Casas. En Puebla supe que un libro es el mejor amigo en la soledad y el mal tiempo; pues una tormenta sacudió la ciudad una noche antes de partir al sur y tuve que refugiarme en Los Arcos frente a la Catedral. La incertidumbre de no tener un techo y la preocupación de contraer un fuerte resfriado al estar a kilómetros de mi hogar fueron arrastrados a la costa del olvido por el oleaje de las páginas en cuanto me puse a navegar junto a aquel legendario aventurero.</p>
<p>Eran cerca de las siete de la mañana cuando el bus entró a Tuxtla Gutiérrez. Una ciudad cubierta de frondosos árboles de frutas. Alguna vez me dijeron que en Chiapas nadie se preocupa por comer porque al estirar la mano puedes encontrar un árbol que te regala mango, plátano, cacao, tomate y otras bendiciones de la naturaleza. El bus subió por una carretera montañosa poblada de una densa neblina que obstruía la visión de los conductores y los pasajeros. Un tramo peligroso para quien no lo conoce.</p>
<p>El bus se detuvo en una terminal medio culera como el asiento que me tocó. Ni pedo, si uno quiere viajar lejos debe aguantar un par de hambres si es que no cuenta con mucho presupuesto. Yo traía mil quinientos pesos en mi cartera pensando que eso sería suficiente para llegar a Playa del Carmen. El maletero me pasó mi mochila, la guitarra y una caja de cartón que guardaba mi telescopio. Cargué la vida en mi espalda y me dispuse a caminar. A una cuadra de la terminal había un paradero de combis de donde se escucharon aturdidores gritos que decían <i>Tuxtlaaaa&#8230;.Comitán, Ocosingoooooo</i></p>
<p>Regla básica de orientación entre viajeros: casi todas las terminales de buses están cerca del centro de la ciudad a la que llegan. Fue fácil llegar a la plaza principal usando esa lógica. Seguí a pie cargando la vida en la espalda. Un aroma a café viajó por todo el centro histórico<i>. </i>Pasé por un mercado de artesanías que se encontraba junto a una iglesia que permanecía cerrada. Seguí en línea recta hasta llegar a unos portales frente a una plaza con un kiosco. Me detuve a ver pasar a la gente. Festejé en silencio mi llegada y reflexioné en la decisión que había tomado. Veía viajeros como yo cargando la vida en la mochila. Hombres y mujeres de todas las edades yendo de un lado a otro por todas las calles. Algunos eran interceptados por mujeres indígenas y sus hijos para ofrecerles algún poncho o artesanía. Todo era nuevo para mí. Si México fuera un continente como Europa entonces yo estaba como a diez países de mi casa. Me sentía extraño, ansioso, inquieto y para ser sinceros también un poco atemorizado. Quizás porque me di cuenta que en ese momento sólo me tenía a mí. Es fácil irse de casa, lo difícil es irse de sí mismo y en los ratos de soledad uno tiene que aprender a conocerse. El problema es que uno mismo a veces no se agrada lo suficiente y no puede disfrutarse. Yo por ejemplo me caía mal la mayoría de los ratos en que por obligación tenía que convivir con el extraño del espejo.</p>
<p>Tras no descansar muy bien durante el viaje mi cuerpo me pedía una cama para recuperar energía. Busqué un hospedaje económico. Di vueltas en círculos dejando que el pueblo me regalara todo lo que era nuevo para mis ojos. No fue difícil dar con un hostal. Casi todas las calles cercanas a la plaza principal tenían uno. Encontré un dormitorio por cien pesos en una casona que tenía un patio enorme con mesas y sillas de madera. Me regalaron un delicioso y tostado café chiapaneco como cortesía de bienvenida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: center;"><strong>¿Cómo volverse mochilero?</strong></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></h5>
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		<title>15. Mochilero</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Feb 2022 01:54:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escribe Mejor]]></category>
		<category><![CDATA[mochilero]]></category>
		<category><![CDATA[poemas]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[textos propios]]></category>
		<category><![CDATA[viajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Empacas tu talento, tu hogar, tu oficio, un libro que te guíe, la floreciente esperanza y uno que otro recuerdo</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/02/08/15-mochilero/">15. Mochilero</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div dir="auto">Empacas tu talento, tu hogar, tu oficio, un libro que te guíe, la floreciente esperanza y uno que otro recuerdo de lo que eres y lo cargas sobre tu espalda</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">casi nunca llevas mapa porque prefieres que la vida te vaya dibujando la ruta ya que confías en su sabiduría</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">los autobuses son hoteles de paso, los hostales están llenos de genios, aves solitarias y musas que te seducen al ensueño</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">las ciudades son junglas de concreto y en los pueblos pequeños te dejas sorprender por los enigmáticos rincones</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">llevas las mejores fotografías en la memoria de tus palabras, viajas ligero porque hablar con distintas personas te libera de prejuicios</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">casi nunca piensas en los regresos y la cerveza y el café en solitario se vuelve tus íntimos amigos mientras piensas en tu siguiente parada.</div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto" style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></div>
<div dir="auto" style="text-align: center;"><em>#EscribeMejorConQuetzalNoah</em></div>
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