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	<title>Novela archivos - Quetzal Noah</title>
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	<description>El Poeta Mochilero</description>
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	<title>Novela archivos - Quetzal Noah</title>
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		<title>La morra hippie Cap.1</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Aug 2024 21:09:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tú y esa pinche costumbre culera de irte sin dejar rastro cuando más te traigo ganas. Tú y esa pinche</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Tú y esa pinche costumbre culera de irte sin dejar rastro cuando más te traigo ganas. Tú y esa pinche maña tan ogt de dejarme en visto porque se le acabó la batería a tu teléfono o te quedaste sin datos. Y lo que más me caga es que no saber predecir tus movimientos y que cada vez que te veo parece que te transformaste en algo distinto; y eso de ti me apendeja. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hubiera preferido saber qué hacer con mi vida antes de conocerte, pero tú me enseñaste que lo que creí que quería no estaba tan chido. Llegaste para dejar un hermoso desastre en mi vida. Desmadraste mi sistema de creencias y me hiciste soñar con la libertad y la poesía. ¿Cómo no querer hacerte el amor? Si llenabas mi cabeza de mundos que no imaginé y cada palabra de tus labios era la filosofía de mis insomnios. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Te recuerdo ahí, en la plaza de Xilitla, sentada junto a tu paño de artesanías en el suelo. Bebías una michelada en un vaso de unicel mientras tejías un collar de macramé con un jade de Guatemala. El jade era verde pastel y tus ojos cuando el sol de la tarde se hacía menos intenso tenían el mismo tono. Tenías un piercing en la nariz y pecas diminutas parecidas al café molido en tus mejillas. Y tus trenzas rastafari decían de ti: ando sin prisas por el mundo. Había un libro viejo con varias páginas dobladas junto a tus pinzas para cortar alambre. No alcancé a leer bien de qué se trataba pero al menos eso me decía que te gustaba leer. Y ese es el tipo de personas a las que invitarles una chela o un café son una buena inversión, porque te contarán una historia que no conocías o te hablarán de un autor que vale la pena tener en el librero. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Miré detenidamente lo que había en tu paño mientras pensaba en preguntar algo que me hiciera mantener una conversación interesante. Para que no creyeras que era otro pendejo godín, que quiso desconectarse de la rutina, con sombrero de Indiana Jones en un pueblo mágico y que se empeda con una botella de bacacho y dos micheladas. Pero ¿para qué pensarlo tanto? Si cualquier cosa que dijeras me iba a llevar a querer saber más de ti. Porque considero que el sólo hecho de que hubieses existido ese día, fue suficiente argumento para sostener que las personas que llegan de forma inusual a nuestra vida son las que nos revelan nuestro destino. ¿Por qué pensar tanto en hacer una pregunta interesante? Si tú vendías artesanías y hubiese bastado con que yo me hiciera pasar por un viajero curioso que tiene ganas de escuchar relatos de gente que no se preocupa tanto por el futuro. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tú tomaste la iniciativa</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Pregunta amigo, lo que gustes, te hago precio.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Muchas gracias, ando viendo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Me apendejé y me dio pena. Me paralicé tras escuchar tu voz. Era una voz valiente, segura y relajada. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-¿Dónde compraste la miche?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Me la regaló un compa que tiene su puesto ahí por el castillo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No es que Xilitla fuera un viejo pueblo medieval pero tiene un castillo. El Castillo de Edward James; el principal atractivo del pueblo. Edward James era un gringo con un chingo de feria de los tantos que venían a México a invertir y en uno de sus viajes un ejército de mariposas voló sobre la parte del bosque donde se alza su castillo. Pensó que era una señal divina y decidió construir algo memorable ahí. La obra arquitectónica es de tintes surrealistas porque le mamaba esa onda. Tanto así que después se hizo amigo de Leonora Carrington y se volvió su mecenas en México al igual que el de Salvador Dalí. Leonora pasaba largas temporadas agarrando el pedo ahí, dándole rienda suelta a su talento para las artes plásticas y a la escritura. Quizás lo de la escritura fue algo que le brotó después de que tuviera un breve romance con el dadaísta Max Ernst. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y todo eso lo supe al día siguiente luego de que recorrí el castillo y no supiera qué chingados estaba viendo. Porque hay obras muy bonitas que uno contempla sin comprender sus contextos, pero luego de conocer su historia dejan de ser algo ajeno o pasajero y se vuelven parte de uno. Y tú sabías mucho de historia y no sólo porque leyeras, sino también porque cada gente que se acercaba a tu puesto sentía la profunda necesidad de compartirte algo. Y tú como eras tan abierta y libre, te volviste una viajera culta que no pertenecía a ningún sitio. Por eso te movías de un lado a otro. Un día te ibas al temazcal y a comer peyote en Real de Catorce para limpiar la energía y al otro conseguías un aventón a San Pancho o Sayulita para buscar coral y caracoles.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">CONTINUARÁ</p>
<p style="text-align: center;"><strong>  La morra hippie, Quetzal Noah</strong></p>
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		<title>Cap.3 Días de lluvia</title>
		<link>https://quetzalnoah.com/2022/06/01/cap-3-dias-de-lluvia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jun 2022 16:48:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Muy temprano empaqué mis cosas para cambiarme del hostal. Pasé por la plaza de la cruz para comprar un tamalito</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/06/01/cap-3-dias-de-lluvia/">Cap.3 Días de lluvia</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Muy temprano empaqué mis cosas para cambiarme del hostal. Pasé por la plaza de la cruz para comprar un tamalito con atole. No tenía prisa por llegar. Pensé en dejar mis cosas y aplicar el discurso aprendido de <em>El Azteca</em> para cantar un rato por las fondas de comida y al caer la noche sacar el telescopio. Ese mismo día aprendí lo impredecible que es la vida en San Cris. Pasaron cinco minutos después de que dejé mis cosas en el hostal cuando un aguacero se escuchó entre las tejas y techos de lámina de toda la calle. Regresé a mi cuarto a navegar en internet con mi celular para esperar el cese de este no solicitado detalle de Tláloc. Pensé que tal vez por la noche podría sacar el telescopio para hacer unas monedas ¡Qué iluso!  No paró de llover hasta la mañana del día siguiente. Hubo un momento muy breve en que el sol se asomó, y luego la tormenta se volvió parte de la rutina. Así pasó durante casi una semana entera. A veces el chubasco era moderado por lo que se podía salir a comprar comida.</p>
<p>Algo que me salvó del aburrimiento fue que podía leer libros en pdf en mi teléfono. El único libro sobre un viaje que llevaba para este viaje curiosamente tomó otra ruta en el viaje. Leí Laberinto de Soledad de Octavio Paz en una semana, y estando en San Cris pude comprender el sentimiento de arrebato que tenemos los mexicanos y lo que nos cuesta confiar entre nosotros. Por la calle los indígenas que parecían no ser muy amigables. Al verlos a los ojos noté que permanecía su resistencia, como una intención de recuperar algún día lo que les fue arrebatado.</p>
<p>San Cristóbal de las Casas era una clara representación del México de los contrastes. Por un lado, los extranjeros gozando de los tesoros turísticos guardados por todo el país y las riquezas naturales como el jade, el ámbar, el café, el cacao. Extranjeros que tuvieron visión y explotaron esos recursos para quedarse a hacer una vida en ese pueblo. Por otro lado, los ricos de abolengo, dueños de diversos negocios y casas en las principales calles del centro frente a los indígenas que hablan en su lengua nativa reclamando éste lugar en el silencio de sus multitudes durante décadas. Y por otro lado, la tribu de seres de todas partes del mundo que carga su vida en una mochila.</p>
<p>Esos días que pasé en el hostal noté que había una cocina del otro lado de mi dormitorio, junto a ella, una habitación donde vivía un muchacho muy prieto y bajito parecía arte…artesanía prehispánica Con él vivían una mujer rubia de Francia y un niño. El niño era hijo de <em>El Azteca</em>. Lo tuvo con la mujer francesa. Al parecer la mujer tenía una irresistible tentación por los exóticos rasgos prehispánicos.</p>
<p>Un jueves salió el sol por la tarde. Las calles se secaron. Predominó un calor bastante rico. Era hora buscar las monedas. Tomé mi guitarra. Y como dije antes: No puedes hacer planes en San Cris. Cuando bajé al Mirador de Guadalupe decenas de artistas estuvieron esperando ese momento al igual que yo. Casi todos los restaurantes y bares tenían un par de músicos y bailarines ofreciendo su show. Fue imposible encontrar un lugar libre. Tal vez tendré mejor suerte mañana si salgo más temprano, pensé. Aun así, aproveché para recorrer las calles del centro. Llegué a un oxxo para comprar algo para comer. Al pasar por un lugar llamado La Viña de Baco escuché una voz rasposa y fuerte. Miré la escena. Era una chica con un estilo roquero bastante atractivo. La contemplé atento escuchando el mensaje de sus rolas. Al parecer ella las había escrito. Toda la gente le llenó las manos de monedas y ella se retiró con una sonrisa que le abarcaba casi toda la cara.</p>
<p>-Estuvieron chingonas tus rolas ¿Las escribiste tú?</p>
<p>-Sí. Bueno. Mi banda y yo.</p>
<p>-¿Tienes mucho en San Cris?</p>
<p>-Apenas unos meses ¿y tú?</p>
<p>-Tengo una semana.</p>
<p>-Veo que también tocas.</p>
<p>-Bueno. Eso intento.</p>
<p>-Voy a casa de un cuate a ver a unos compas ¿quieres venir?</p>
<p>Sin dudarlo me uní a sus planes. Era guapa. No de esas guapas que quedan guapas con un kilo de cosméticos, sino guapa natural, de un estilo salvaje. Su cabello estaba alborotado y sus labios partidos. Era de ojos pequeños con profundo destello. Llevaba los pantalones rotos y la guitarra en la espalda. Se llamaba Alejandra. Era una mujer aventurera. De esas que un día dejan todo y se van en búsqueda de su destino. De las que dejan los miedos en su clóset y los prejuicios en casa. De las que se van porque no esperan que nadie las salve ni sueñan con héroes. Se van para descubrir quiénes son. Se van porque saben que la vida es corta y hay tanto que aprender.</p>
<p>-Soy de Guadalajara. Me salí de casa a los dieciocho con unos compas. Tocamos por distintas ciudades. Viajamos en combi a Mazatlán, Los Mochis, Obregón. Hermosillo, Mexicali y Tijuana. Después bajamos a Ciudad de México y cada quien agarró su rumbo. Yo me vine con los cuates que vamos a ver ahorita.</p>
<p>Alejandra transmitía un ímpetu osado. Al estar con ella cualquier hombre podría darse cuenta que era la compañera ideal de viaje. Salía con su guitarra como si fuese una espada samurái a luchar contra la mediocridad y el desánimo para regalar alguna alegría a través de sus acordes y sus letras.</p>
<p>Caminamos durante media hora. Divisamos en el paisaje parcelas y cabañitas. Esa parte de San Cris se llama Rancho San Nicolás. Nos detuvimos en un portón de madera. Y Alejandra gritó el nombre de Carlos. Nos abrió un tipo muy agradable de un metro sesenta con barba de candado. La casa era de adobe y madera. La fachada parecía a la casa de Frodo de El Señor de los Anillos. En su interior se sentía un ambiente creativo. Al centro había una chimenea y la sala. A lado un par de mesas de trabajo dispuestas con materiales para pintar y esculpir. Frente al área de trabajo una cocina y unas escaleras que daban a las habitaciones. Nos esperaban otros dos chicos que eran amigos de Alejandra. Uno con cara de puñetín que le decían Oce y el otro de cabello largo llamado Migue. Ambos llevaban sus guitarras. Carlos estaba contento de recibirnos. Sacó una botella de pox – el wiskey de los mayas- y nos convidó un trago de bienvenida. La noche comenzó a refrescar. Carlos puso unos leños en la chimenea. Migue me preguntó qué tocaba y le dije que norteñas y una que otra que yo componía. Toqué unas de los Tigres del Norte entre el trago y el fuego. Me acompañaron con segunda voz y requintos. Carlos me mostró toda su casa.</p>
<p>-Estoy buscando roomies. Solamente hay que pagar los servicios. De la renta yo me encargo.</p>
<p>Me pareció una excelente oportunidad para ahorrarme el hospedaje. Migue y Oce sacaron un cigarro de hachís. Lo encendieron y lo pasaron a todos.</p>
<p>Oce y Ale eran pareja. Lo supe aquella noche porque tuvieron una discusión y corrieron a encerrarse a una de las habitaciones y ya no salieron. Se escucharon reclamos durante un rato. Carlos, Migue y yo fumamos sin decir. mucho. Carlos me dijo que me podía quedara a dormir en la sala. Migue tomó el sillón más grande.</p>
<p>Al despertar supe que no tenía oportunidad con Alejandra, y no porque el cabrón con el que andaba fuera mejor que yo. Al decir verdad ella no merecía estar con un tipo feo, inseguro y con cara de pendejo. Se notaba que él le estorbaba más de lo que le ayudaba. Tal vez ella estaría triunfando grabando discos o firmando libros geniales de sus aventuras, pero tenía esa piedra entre sus pasos que era su relación conflictiva.</p>
<p>Salí temprano de casa para tocar y me di cuenta que los extranjeros no dan muchas monedas, y que los lugares caros no son sinónimo de que te irá bien. Llegar a tocar con otros es fácil porque en grupo siempre hay alguien que se envalentona. Pero a la hora de pararme afuera de un lugar los nervios me congelaban la sangre. Me pasé casi una semana buscando el valor para acercarme a cantar a los cafés y bares. Tenía temor a la humillación, que llegara la policía o el encargado de cierto recinto y me corriera porque estaba incomodando a los comensales. Me desanimaba al ver que mis ahorros se iban acabando –que por cierto eran como mil quinientos pesos- aun así, no pasó por mi cabeza la idea de regresar a la ciudad o hablarles a mis papás para decirles que a diario estaba muriendo un poquito de hambre. Estaba lejos. No puedo negar que me hice más valiente, a diario enfrentaba la soledad, el desaire, la indiferencia, el no encontrar alguien que, si bien no me acompañara, al menos acortara la ruta para llegar a mis sueños. Aunque ¿quién va al sur de México a promocionar su música intentando volverse alguien? Eso se hace en Monterrey, Guadalajara o Ciudad de México. A diario me convencía de que no cualquiera se atrevería a hacer lo que yo ya estaba haciendo: conocerme a mí mismo lejos de todas las comodidades y las ideas de los círculos de los mismos amigos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>¿Cómo volverse mochilero?</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></p>
<p style="text-align: center;">Esta es la oportunidad de tener el pack completo de mi poesía</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://quetzalnoah.com/usd/producto/pack-de-libros-digitales/">POESÍA QUE CAMBIARÁ TU VIDA</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Principio de resistencia Capítulo 1</title>
		<link>https://quetzalnoah.com/2021/12/04/principio-de-resistencia-caputulo-1/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Dec 2021 23:15:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[frases]]></category>
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		<category><![CDATA[teoría de la fragilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un tren de hielo recorre las vías de tu sangre desde el ápice de tu ceja hasta el borde de</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2021/12/04/principio-de-resistencia-caputulo-1/">Principio de resistencia Capítulo 1</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Un tren de hielo recorre las vías de tu sangre desde el ápice de tu ceja hasta el borde de tu tobillo. La sensación de pánico te ha desvanecido las conexiones neuronales, dicho fallo ha hecho que no logres conectar el pasado con el futuro y que en ese momento una sonrisa pendeja se te dibuje por el rostro con cierto nerviosismo, temblando tanto de angustia como de una irreconocible felicidad que dudabas volver a sentir. Lees de nuevo el mensaje:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><em>He estado pensando mucho en ti</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¿Cuándo vamos por un café?</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>La angustia se debe a que conoces exactamente el desmesurado desorden que traen su cabeza debido a que siempre ha necesitado atención en su casa y cuando tú se das le da miedo y termina por desmadrarte. Intentas justificar esa actitud poniéndote el traje de héroe con un ridículo optimismo freudiano, un superyó, crees que ella quiere ser salvada y estás dispuesto a todo, es por ello que te ha llegado esa sensación de irreconocible felicidad.  Has pedido consejos a tu mejor amigo, a tu primo, a un tío borracho divorciado, a una amiga que es madre soltera, incluso te presentaron una hermosa chica en un bar que estaba dispuesta a acostarse contigo esa noche pero lo arruinaste contándole tu triste historia y se dio cuenta de tu severo problema de autoestima. Tal vez eres adicto al dolor y ella ha conocido un montón de tipos con el mismo padecimiento que tú y mejor optó por retirarse de la conversación diciendo que iba al baño y al volver se salió a fumar un cigarro para perder tu atención. Y la miras, ella está contigo, esperan afuera de ese pub estilo escoces, el show de la noche es de comediates standuperos sin talento de Monterrey que cuentan en su rutina el mismo chiste ya sin gracia de que fueron a chilangolandia y preguntaron en un puesto de tacos que por qué la quesadilla no lleva queso. Han pasado apenas quince segundos desde que viste el mensaje, pero ya has tomado la decisión de arruinarle la noche a Claudia y decirle que tienes una emergencia familiar. Estás preparando la mentira en los labios.  Pensamientos divergentes recorren tus lóbulos y hemisferios. Miras para todos lados haciendo una mueca que dice <em>chingado</em> como para confundirla un poco y que ella te pregunte si te pasa algo y entonces prepares la cuartada perfecta para salir corriendo y llamar a la remitente del mensaje. Ella te interrumpe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¿Es ella verdad?</p>
<p>-¿Quién?</p>
<p>Todavía tienes la osadía de hacerte pendejo cuando ella ya lo ha interpretado todo. Ella conoce el lenguaje corporal, ha notado las señales de desesperación que emites como si fueras ese simulacro de alerta sísmica. Todo de ti ha expresado tu deseo de huida.</p>
<p>-Ya sabes quién. Creo que esto no va a funcionar. Me he dado la oportunidad contigo porque pensé que tú también tenías las ganas, pero ya veo que te arrastras el pasado y vuelves a él sabiendo que no hay nada para ti de ese sitio. No es una actitud de una persona evolucionada. Y, en definitiva, así como tú crees que estás para salvarla a ella, yo no estoy para salvarte a ti.</p>
<p>Ella te mira esperando que alguna de sus palabras sea como una ola arreciando la costa para llevarse las palapas de guano. Una sacudida sobre la órbita de atracción hacia esa estrella extinta que se ha quedado sola nuevamente y necesita a alguien para recordarle que sigue brillando. Enciendes un cigarro, te quedas callado, no has dicho nada, entre palabras de reclamo han transcurrido un par de eclipses. Ahora tu mirada vaga por el asfalto, el humo del cigarro entra a la puerta del bar, ella dobla su rodilla y cruza los brazos, alza su vista como buscando la tuya, tu silencio y tus pocos huevos para darle una respuesta certera que le revele el futuro de la relación la desespera un poco. Y ella, lo sabes, padece de los nervios, le dan bajones de ansiedad e histeria. En cierta ocasión te confesó de un impulso que la llevó a buscar cerillos y gasolina en la cochera de su papá para luego encender su casa y cuando su hermano la encontró con la garrafa de gasolina fue cuando se dieron cuenta de lo desajustado de la realidad en sus pensamientos. Su parpado parece temblar, la tomas de la mano y está fría, sus ojos se ponen en un tono cristalino, su piel como leche de almendras y sus diminutas pecas con una nariz pequeña, bien perfilada y sus ojos de un tono aceituna con su cabello castaño ¿de verdad la piensas perder? Es bella, es guapísima, no crees que una chica que lucha con sus pedos mentales esté tratando de dejarlos atrás para darse una oportunidad contigo, sin embargo, la chica con problemas que realmente amas está del otro lado del teléfono. Tal vez mandando el mensaje a los mismos vatos con los que fuma su toque o echa su caguama en la tarde ¿cómo estar seguro de que solo te piensa a ti? Chingado, por un momento en tu vida, déjate de pendejadas, de cometer los errores de siempre sabiendo el desenlace, deja que la historia fluya, ni tú ni ella merecen perderse la diversión, de esta noche, al menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sí. Era ella. Disculpa. Me sacó de mi órbita. No supe cómo reaccionar. Necesito una cerveza ¿Entramos?</p>
<p>Claudia se queda callada, trata de tranquilizarse, sabes de tu participación en ese instante donde su presión sanguínea ha disminuido y sus nervios la han hecho bloquearse. Te acercas, a sus hombros delgados, le dices que lo sientes, tomas su mano y la abrazas.</p>
<p>-Vayamos a otro lugar. Quiero escuchar música. Conozco uno muy bueno. Ya no tengo ganas de comedia.</p>
<p>Entonces caminan hasta Doctor Coss. No conoces el lugar. Ella ha tomado la iniciativa. Quizás es el momento menos indicado para hacer preguntas, llegan hasta la esquina y ella bajo esa gabardina verde miliar alza su brazo para parar un taxi. Un tsuru de color verde se  detiene le abres la puerta y ella se precipita a sentarse y cerrar la puerta. Desde la ventana te tira un beso, y te dice que no se siente bien, se pone sus audífonos, el semáforo cambia de color y el coche acelera.  Ahora te has quedado sin plan, sin chica, sin respuestas, aquella sensación de frío que aparece ante cualquier temor es lo único que te acompaña. Siendo casi las diez de la noche, no sabes a dónde dirigirte, caminas y caminas, entre las casonas del Barrio Antiguo, hasta llegar a la explanada del Museo de Historia. El lugar donde la viste por primera vez. Continuas bajando por el Paseo Santa Lucía, las luces de los restaurantes junto al canal te invitan a tomarte un trago en esa mesa frente al trovador con su guitarra que luce una boina, te sientas y piensas que Claudia estaría disfrutando de esos covers de Fernando Delgadillo y Silvio Rodríguez aunque no sea ese su género musical favorito. Faltan quince minutos para las once de la noche, te has bebido cuatro cervezas batiendo tu propio record en solitario, los cigarros se cruzan en tus dedos como los caballos de un carrusel, el hombre de la guitarra avisa al público que está por retirarse. A estas alturas de la noche, a la tenue luz de efecto polaroid que hace el agua del canal junto a las mesas te ha entrado ese minuto de reflexión, la constante idea de que la has estado cagando con las oportunidades para hacer algo diferente en tus relaciones sentimentales ronda entre el humo del cigarro y la espuma de cerveza subiendo a la boca del vaso. Quieres hacerte a la idea de que lo complicado es lo que vale la pena, por aquello que por lo que hay que luchar hasta que el corazón esté hecho fragmentos de cristal cayendo sobre el suelo que tú mismo pisas, pero esa es una idea muy pendeja, de chavos de secundaria hasta los primeros semestres de la universidad. Se ha puesto muy de moda eso del amor bonito, de aprender a quererse a sí mismo, sin embargo, casi nadie lo práctica, tienes un montón de conocidos compartiendo ese compendio de frases en facebook de escritores mediocres que no salen del mismo tema que no ponen en práctica eso que se la pasan compartiendo porque perpetuán el ciclo de víctimas sintiendo la tristeza y la indiferencia en cada canción de desamor escuchándose en la radio un día cualquiera, y ahora lo sabes, eres uno de ellos, de esos que se la pasan pidiendo consejos en las relaciones cuando en el fondo no quieres un consejo sino que te digan lo que quieres escuchar: el amor es así, complicado, lucha, si no te valora lo hará cuando te alejes…pero alejarse no significa regresar. El celular vibra, es un mensaje de Claudia.</p>
<p style="text-align: center;"><em>Tuve que irme. Disculpa que haya sido así. </em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Sería mejor no vernos por un tiempo.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Principio de resistencia </strong>Es la secuela de Teoría de la Fragilidad.</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2021/12/04/principio-de-resistencia-caputulo-1/">Principio de resistencia Capítulo 1</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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		<title>Fracasamos intentando ser alguien en la vida de quien no nos tiene en sus planes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Mar 2021 01:29:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; ¿Qué se sentirá gustarle a la más bonita de la escuela? ¿Qué se sentirá saber que ella te piensa</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2021/03/15/principio-de-resistencia/">Fracasamos intentando ser alguien en la vida de quien no nos tiene en sus planes</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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<p>¿Qué se sentirá gustarle a la más bonita de la escuela? ¿Qué se sentirá saber que ella te piensa antes de dormir? Debe ser uno de esos sentimientos reservados por la sabiduría divina. Desde que tengo memoria nunca me he enterado de que en realidad le guste a alguien. Sobre todo los chicos con pocos atributos físicos como yo nos hemos rendido ante dicha posibilidad y no queda más que desarrollar otros talentos como dibujar, componer canciones, tocar la guitarra, salir a correr, leer muchos libros, tratar de ser graciosos, tener charlas de temas interesantes, a falta del estereotipo de belleza hemos tenido que cultivar otras cualidades. Me pregunto ¿quién le gusta a ella? Si tengo la posibilidad de desviar su atención hacia mí con detalles, con palabras, con poesía, con este latente espíritu de recorrer con ella toda la ciudad y tener distintas historias en cada esquina donde nos devoraríamos a besos, pienso con optimismo que podría darle la felicidad que ella merece, sin embargo ¿Querría ella ser feliz? Me ha dicho de ese deleite casi surrealista que tiene al estar triste, lo disfruta, se ha enamorado de esos periodos donde se siente rota, su estado melancólico la pone creativa y con su sublime voz podría calmar a un ejército si se lo propusiera; estoy seguro de ello. Por la mañana tengo una leve resaca. No tengo ese arrepentimiento que comúnmente me acompaña después de beber. Tal vez es porque al revisar el teléfono no he perdido la dignidad en un mensaje sin respuesta. Me pongo a revisar mis notas, no se ha ido este hábito de dedicarle unas palabras frente a una hoja de papel, estoy en un proceso de desencantamiento, me estoy resistiendo seguirle inventando virtudes en actitudes que yo exagero. Por ejemplo, una tarde preparó una comida en su casa para mí, a partir de dicho acto he creído que es de naturaleza noble, que su corazón de piedra tenía actitud de mina, que mi paciencia y mis detalles terminaron por convencerla de que en realidad hacía falta en mi vida ¿cómo una musa? No, no lo creo, esa es una aspiración muy vanidosa y ridícula, más bien; veo en ella mi compañera y complemento, veo dos seres dotados de sensibilidad inspirados por el espacio, los cometas, creando teorías de esa sutil coincidencia por encontrarse a pesar de tantas variaciones del camino en este multiverso. Esta serie de ideas me ha llevado a perderme de su realidad y a veces me siento tan idiota por no saber lo que ella quiere; habría sido más sencillo decirme que no me quiere en su vida. Es un poco masoquista pensarlo, pero, tal vez le guste tener a un pendejo dispuesto a todo por ella ¿quién no ha ilusionado a una persona que en el fondo sabemos que no es indispensable en nuestra vida solamente para evadir nuestra extraña soledad? Me levanto de la silla, me preparo un café y reviso las noticias en el celular, ha subido un vídeo cantando un cover, me resisto a verlo, no quiero que nadie lo comparta, me caga que sea tan bonita, tan talentosa, tan independiente, me caga saber que no he aportado nada de valor en su vida. Me cruza instantáneamente el pensamiento de irme de la ciudad, tal vez ya es hora de ir arreglarme el corazón a la playa o a un pueblito. Abro la ventana del explorador para buscar ofertas de vuelos, la última vez que me fui así fue cuando estaba en Cabo San Lucas, tras tres semanas de pisar su arena fría como un auténtico vagabundo del dharma me dirigí al aeropuerto con una bolsa llena de monedad que junté mostrando a las personas que paseaban por la Plaza del Marlín la luna a través de un telescopio. Recuerdo en las pantallas de las aerolíneas que el único destino disponible para ese día era Guadalajara. Cuando sientes que un lugar ya te ha enseñado todo lo que necesitabas aprender es momento de continuar con el viaje. Acumulas ciertas energías en tu trayecto de las cuales tienes que desprenderte para que tu paso sea más ligero. No son en su totalidad buenas ni malas, lo que tienes que descubrir es la forma de mantener el equilibrio y la mente en el ahora. El celular vibró, era un número desconocido. No acostumbro a contestar el teléfono a no ser que se trate de un amigo cercano. Tal vez eran los del banco que me querían ofrecer una tarjeta de crédito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">CONTINURÁ</p>
<p style="text-align: left;">                                                                                                  <strong>Principio de resistencia | Quetzal Noah </strong></p>
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		<title>Guadalajara mi amor Parte 1</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Mar 2019 22:13:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>LA AMERICANA &#160; Necesitaba un cambio de aires. Me aburría la monótona vida industrial de Monterrey y entonces tenía veinticuatro</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>LA AMERICANA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Necesitaba un cambio de aires. Me aburría la monótona vida industrial de Monterrey y entonces tenía veinticuatro años y con una carrera terminada que no ejercía. Cuando eres joven eres lanzado a las instituciones y eliges una carrera, si eres muy pendejo te dejas llevar por lo que te dicen los profesores y por lo que otros compañeros igual de pendejos que tú te dicen, sin cuestionarte, sin probar cosas nuevas, sin plantearte la posibilidad de romper los esquemas. Si no eres tan pendejo probablemente te vas a quejar de que todo es una mierda y vas a sentirte diferente por no pensar linealmente pero serás absorbido por la gran mentira en la que no crees porque no tienes convicción o te da miedo perder la comodidad; en otras palabras te convertirás en eso que odias. En cambio si te agarras los huevos te irá valiendo verga que se rían de tus ideales, que te digan que no tienes talento, que te digan que no vas a salvar al mundo. Si te agarras los huevos vas a volar y será como cuando agarras impulso en una patineta para brincar un obstáculo: probablemente de des un buen chingazo pero vas a estar del otro lado. Eso fue lo que yo había hecho. Nunca me ha importado que me llegue cualquier etapa de la vida. Desde que pierdes el temor ya eres como un tornado, la juventud es sólo un pensamiento que a algunos les dura hasta los treinta. Otros como yo abstraemos la ilusión del tiempo para no encasillarnos en límites. El punto es que quería escribir canciones, pero el entorno necesitaba renovarse y para que pudiera suceder tenía primero que pasar una revolución en mis adentros que sólo me daría la lejanía y la soledad; fue lo que pensé. Llegué un domingo de septiembre al mediodía y todo era tal como el último domingo que estuve: la avenida Juárez repleta de bicicletas y hermosos culos en pequeños shorts y patines. Si no agarro una vieja estando aquí es porque estoy muy pendejo me dije mientras arrastraba la maleta y hacía una pequeña parada en el Parque Rojo para fumar un cigarro. Miré alrededor y en las jardineras, un montón de hombres se besaban con otros hombres, un tipo daba un taller de composta y en otra jardinera colgaban de un árbol unas telas para danza aérea. Ahora era momento de preocuparme por lo fundamental: un lugar para rentar. Di varias vueltas buscando cuartos por la calle López Cotilla, el Expiatorio, Mexicaltzingo, Libertad hasta que la tarde se inmutó a un color gris que anunciaba lágrimas del cielo. En mi bolsillo tenía apuntado el número de un tipo llamado Héctor que descubrió mis canciones en la web. Le llamé y su casa quedaba cerca de avenida Enrique Díaz de León. Lo fui a visitar y cuando la tempestad se tranquilizó dimos de nuevo una vuelta para buscar cuartos. La lluvia se dejó venir nuevamente y regresamos a su casa. En la sala había una mesita de madera con revistas y periódicos, un comedor, alrededor unas sillas y varios atriles con sus respectivas guitarras. Me presentó a su novia. Los dos eran de Nuevo Laredo y llevaban cerca de dos años viviendo en Guadalajara. Héctor quería ser músico y estaba muy frustrado como la mayoría; tenía sus temas, constantemente sentía que no alcanzaba la perfección y se esforzaba demasiado sin dejarse fluir.</p>
<p>A mí siempre me valió madre componer ya que si quería decir algo lo decía pero mi camarada era muy metódico y perdía lo más importante que tiene un creador: el sentimiento de sobrepasar la idea de cualquier metodología. Tomamos unas cervezas y cuando la lluvia paró nuevamente salimos a comprar caguamas y a fumar un poco mirando hacia la calle. Héctor decía que le preocupaba tener veintisiete años y no haber logrado nada trascendente con la música. Yo no sé a lo qué se refería con trascendente. ¿Es acaso grabar un disco o estar arriba de muchos escenarios con gritos? Creo que lo trascendente del artista es cuando a pesar de todos los fallos o las críticas siente haber plasmado un poco de su alma en un poema, una canción, una pintura, una novela, una última danza (como la danza del guerrero de la que hablaba Don Juan Matus) cualquier pendejada que lo libre de buscar la gloria en las bocas que sólo responden a la opinión. Pero bueno cada quien tiene su concepción del mundo y mi preocupación era que no me cayera la noche sin un techo y mi amigo me dijo que me quedara a dormir ahí ya que eran casi las once como para salir a buscar hostales. Me quedé en su cuarto que estaba en proceso de convertirse en un estudio y toqué algunas canciones mientras nos fumábamos las bachas. Al día siguiente traía un poco de hambre y Héctor ya estaba despierto, yo no traía prisa por encontrar un cuarto pero al parecer el traía prisa de que yo dejara su casa y por ello cuando lo encontré en el comedor junto a la sala él ya tría el periódico leyendo la sección de cuartos en renta y me decía que agarrara el teléfono y marcara. Yo traía como tres mil pesos y el cuarto que encontré costaba como dos mil cuatrocientos. La casa estaba en la calle Venezuela junto a La Paz. El tipo que me atendió se llamaba Manuel era un hombre de Ocotlán moreno con bigote y una voz un poco gangosa. El cuarto tenía cable, internet, una cama, closet y estaba adaptado a lo que era la cochera.</p>
<p>Su esposa era una mujer con un genio de frustrada, tenía muchos gatos en la cocina a los que les hablaba como si fuesen sus hijos. Le di las gracias a Héctor aunque en verdad quería mandarlo a la verga por ser tan mamón. Aunque si no hubiese sido tan mamón yo probablemente me habría hecho pendejo para buscar un lugar en renta y paulatinamente iría perdiendo el poco dinero con el que llegué a la Perla de Occidente. Tan pronto como me instalé hice lo que más me gustaba hacer: dormir. Cuando desperté eran como las cuatro de la tarde y salí a buscar trabajo a la antigua: dejando solicitudes en restaurantes. Me contrataron en un lugar llamado La Nacional donde el gerente era un tipo pelón y la mayoría de los empleados homosexuales. Duré alrededor de diez horas en ese trabajo. Todos los trabajos de mesero son una mierda. Me dieron las propinas de ese día y al salir vi a un vagabundo durmiendo afuera de una farmacia cubierto de cartones y dejé todo ese dinero justo a un lado de su cabeza. La semana siguiente me contrataron en otro restaurante cerca de avenida Patria. El giro era de mariscos y clamato, el dueño se llamaba Osiris y era un chico tal vez dos o tres años mayor que yo. Me agradó el tipo porque no era un jefe que se exigía demasiado a pesar de ser el dueño. Me cayó tan bien que duré todo el fin de semana trabajando ahí. El lugar era frecuentado por tipos con camisas Ed Hardy y horribles gorras con cruces de diminutos brillantes, arribaban en camionetas de cabina y media, pedían whiskey y eran acompañados por mujeres muy guapas pero al escucharlas hablar uno se daba cuenta que tenían la primaria trunca, las mesas eran de plástico con el emblema de cerveza corona. El lunes llovía por toda la ciudad y al ver el cielo nublado y sentir el frío de la humedad en mi cuarto me deprimí un poco y mejor me quedé en casa para no ir a trabajar. Decidí que podía merecer más.</p>
<p>Conseguí una entrevista para ser bróker en una especie de empresa que manejaba inversiones en la bolsa. Tomé una ruta en avenida Las Américas y me llevó casi a la entrada de Zapopan. El edificio era como de quince pisos. Un tipo gordo de tez blanca, cabello medio encanecido, ojos grandes y corbata color pastel me entrevistó. Por lo que pude notar en su aspecto parecía no haber hecho otra cosa en su vida que trabajar para el dinero. Qué triste los que no crean nada en su vida, los que nunca sienten la curiosidad de escribir, de abrir un libro, de escuchar un nuevo estilo de música, los que no se preguntan el por qué hacer lo mismo, los que asumen los roles establecidos y viven con suma comodidad, qué triste los que nunca aprenden un instrumento, los que no imaginan otro libreto, los que no viajan a la luna con su fantasía, los que se quedan en hoteles en vez de tiendas de campaña, los que usan el internet como plataforma de competencia de superficialidad, qué triste los que no escriben cartas, los que se emborrachan donde siempre, a los que no les retumba la cabeza con floridas palabras, qué triste los que no intentan hacer un trazo, los que no bailan, los que nunca por equivocación entran a una obra de teatro o salen a confundir el sol con un ángel, qué triste los que le dan su corazón al dinero habiendo maravillas a todo nuestro alrededor que nos cuestan menos que una sonrisa. Ese hombre representaba por completo el absurdo vicio del humano capitalista. Me dieron unos exámenes psicométricos y para el jueves de esa semana ya me encontraba conociendo las labores. El horario era un sinónimo de prisión. Se entraba a las ocho de la mañana y se salía a las siete de la tarde con su respectiva media hora para comer para que aquello no pareciere un descaro de esclavitud moderna.</p>
<p>Me presentaron a todo el equipo de trabajo. Todos se parecían sin variar. Tipos ambiciosos, propensos al estrés y la comparación. Gustaban del pop y la música de banda. Su mejor tema de conversación era la subcultura de las telenovelas del narcotráfico. Los jefes les escribían en un pizarrón una de esas frases de libros de autoayuda. La verdad hablaban poco porque no se podían dar el lujo de conocerse ya que tenían que estar haciendo llamadas con números extraídos del directorio telefónico para agendar citas y convencer a la gente de meter su dinero en inversiones del mercado forex. Me bastó estar tres horas para darme cuenta que no le quería gastar mi energía en pensar como animar a la gente a hacer inversiones. Salí del edificio sin decirle a nadie y rompí todos los papeles que me habían dado para conocer el procedimiento de ventas. Qué hueva todo eso. Yo soy un artista no un robot que hace llamadas. Bajé en avenida las Américas y caminé a mi casa por toda la avenida Vallarta. Eran casi las seis de la tarde. Vi a las chicas lindas pasear en bicicleta, mi rostro se alegró al sentir la brisa dulce de Guadalajara por las tardes, tres trabajos en dos semanas, no tengo despensa, me falta dinero, mañana me subiré a los camiones a cantar con mi guitarra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3></h3>
<p style="text-align: center;">Continuará&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Ley de causa y pretexto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Nov 2018 01:05:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Quién recuerda la primera vez que lloró o su primera sonrisa? ¿O cuando experimentó la tristeza sin saber lo que</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://quetzalnoah.com/wp-content/uploads/2018/10/Facebook-Post-3.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://quetzalnoah.com/wp-content/uploads/2018/10/Facebook-Post-3-300x251.jpg" alt="" width="300" height="251" class="alignnone size-medium wp-image-2291" srcset="https://quetzalnoah.com/wp-content/uploads/2018/10/Facebook-Post-3-300x251.jpg 300w, https://quetzalnoah.com/wp-content/uploads/2018/10/Facebook-Post-3-768x644.jpg 768w, https://quetzalnoah.com/wp-content/uploads/2018/10/Facebook-Post-3.jpg 940w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>¿Quién recuerda la primera vez que lloró o su primera sonrisa? ¿O cuando experimentó la tristeza sin saber lo que era? Todas estas cosas nos recuerdan que vivimos. Nos acostumbramos a vivir antes que a pensar. Es por ello que cuando hacemos lo que sentimos a veces no lo pensamos debidamente y nos dan en la madre, pero ¿qué importa? El corazón es para usarse.</p>
<p>Comencé hablar en chat con Sofía. Yo le mandaba poemas y ella ponía likes en mis estados. Naturalmente como no teníamos un lazo que nos comprometiera pudimos conversar un poco de lo que llevábamos en los corazones. Ella me nombró Pájaro de palabras bonitas. Resultó que vivía muy cerca de mi casa. Cierto día hizo una invitación abierta al público para que se anticipasen a hacer planes para ir a escucharle a un bar en el Barrio Antiguo llamado Mac. Le dije que la iría a ver. Sólo lo mencioné una vez y no lo repetí nuevamente porque como hombre de palabra debo ejecutarla para que hablen por mí mis acciones. Se llegó el día y en el bar se pagaba un cover para meter cerveza. </p>
<p>Me llevé algunas y al entrar en el escenario vi una mujer de cabellos cortos ensortijados arriba de una tarima sentada sobre un banco, llevaba unas botas con medias negras. Me acomodé en una esquina y escuché una voz. Miré alrededor y a mi derecha una mano se meneaba en el aire. Era Sofy. La saludé y preguntó por el motivo de mi presencia en ese bar. La respuesta era lo que estaba frente al micrófono. Al decir verdad no escuché su canto muy atento. Entre cigarros y cerveza reflexioné sobre el tiempo que pasó desde la última vez en que pisé el Mac. El escenario le iba bien a su rostro. Retumbaron en las paredes de aquella vieja casona los aplausos de despedida. Ella bajó y pensé en ir a saludarla o esperar. Dejé que sucediera lo segundo y así como dejé que sucediera su recorrido entre las mesas por las que yo bebía, dejé que los caprichos de mi poesía me envolvieran, dejé que se quebraran las gárgolas de mis labios para convertirse en guardianes del bosque. Ella caminaba en dirección hacia mí, aunque no exactamente para saludarme sino porque en la mesa de Sofy estaban sus amigos. Su hombro quedó justo frente a mi pecho y mi mano lo alcanzó. Las almendras de sus ojos destellaron un campo de energía que me elevó al instante y se conectaron con palabras que viajaban por el espacio usando mi voz como canal para comunicarle.</p>
<p>—Señorita. Qué bellas son las mareas de sus cabellos cayendo como cascadas tras los riscos de sus oídos. Yo no sé quiénes sean los dueños de la noche, pero todo el zafiro de la luna se está resbalando en sus mejillas.<br />
 —¿Y eso que usted me recibe con palabras tan bonitas? — Preguntó con una melodía a mis oídos más encantadora que aquellas que cantó en el escenario apretando un poco los labios como temiendo que aquel prado de arreboles debajo de su olfato la delatase.<br />
 —Pues usted se puede acostumbrar a ellas de ahora en adelante cada que yo la vea o se haga presente en mi vida.<br />
 —Deja ir por una cerveza.<br />
 —Yo tengo aquí.<br />
 —Pero quiero una oscura.<br />
 —Es lo mismo. Toma una. —Acto seguido de aceptar mi ofrecimiento.<br />
 —Me lastimé un dedo. No estoy tocando tan bien.<br />
 —Pues no lo noté.<br />
 —¿Por qué viniste?<br />
 —Pude haber estado en Costa Rica, Colombia. Pero un error en el sello de mi pasaporte me hizo ir hasta Chiapas y emprender un viaje de la costa al desierto. Y aparte; unos cinco millones de estrellas fueron devorados por su horizonte de sucesos. Una tormenta solar cambió la dirección de varios mensajeros. Una raza acaba de nacer a media eternidad de nosotros. La Tierra siguió girando.  En algún intervalo del tiempo y espacio dos partículas que vibran un encuentro las destina ¿te das cuenta? Pudo pasar cualquier cosa y ahora pasó que nos encontramos. — Se escuchó un saxofón y un bajo. Mi voz se perdía entre el ruido.<br />
 —No te escucho muy bien. Vas a tener que invitarme un café para que me expliques mejor tu teoría.<br />
 —Claro. ¿Qué te parece mañana?<br />
 —Tengo libre la tarde.<br />
 —Prefería no tener que preocuparnos por el tiempo. Que sea este sábado.<br />
 —¿Qué quieres hacer?<br />
 —Contigo todo, pero primero el café.</p>
<p>Ella hizo un gesto de extrañeza. Una de esas sonrisas que sólo las chicas conocen y que muestran cuando un chico les dice las cosas de una manera directa sin muchos titubeos. </p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2018/11/12/ley-de-causa-y-pretexto/">Ley de causa y pretexto</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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