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	<title>consejos para escribir archivos - Quetzal Noah</title>
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	<description>El Poeta Mochilero</description>
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	<title>consejos para escribir archivos - Quetzal Noah</title>
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		<title>Por más que quiera escribir</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Mar 2024 22:07:35 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Por más que quiera escribir como Benedetti nunca tendré ese aroma a melancolía que me recuerda a los tangos,</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2024/03/27/por-mas-que-quiera-escribir/">Por más que quiera escribir</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Por más que quiera escribir como Benedetti nunca tendré ese aroma a melancolía que me recuerda a los tangos, al tranvía y al Río de la Plata nublado. Quizás porque no pasé mi juventud o mi adolescencia por allá en los barrios de Montevideo. También porque obvio, no soy Benedetti; aunque trato de leer más libros de los que me alcanza con mi casi siempre poco tiempo para ampliar el bagaje de mi léxico con jergas y juegos de palabras. Porque uno no puede escribir lo que no es, lo que no siente, lo que no conoce (a menos claro de que esté tratando de escribir una ficción o una fantasía) en la expresión poética se nota la verdad de lo que a uno le rodea. Y si bien, puede parecer pobre lo que escribo; al menos es real y da fe de que soy un humano con carencias, privado de ciertos privilegios y también del conformismo que hace más duradera la felicidad. Yo puedo escribir de cerveza, futbol, la secundaria pública, el taller de mi papá, los domingos con la carne asada y esos viajes en carreteras viendo el paisaje mexicano escuchando en una radio de casete una cinta de los Temerarios, los hippies de San Cristóbal, el tenebroso desierto de Atacama, las montañas de Bariloche o la fiesta en Zicatela. Porque esas son mis vivencias, mis propias cosas. Esas cosas, las más normales, las que parecen insignificantes, son en esencia la marca personal de cualquier escritor para construir su estilo. Algunas personas me dicen: yo quiero escribir como tú; me río de esa tierna ingenuidad de que no noten lo mal escritor que soy. Y les digo: no, no escribas como yo, ni como Benedetti, Bukowski, Withman o Dickinson, etc; escribe como tú, lo que te desagarra, los recuerdos tristes, los lugares de tu infancia, tu primer juguete, el mejor día en la secundaria, tu primer peso, o lo que ves en un día tan rutinario cuando vas de tu casa al trabajo.</p>
<p>Pero no escribas por dinero. Ya hay muchos que hacen por eso y vieras lo malos que son. Tampoco por fama o reconocimiento porque luego te aburres de lo vacío que es pretender ser alguien con algo que no se disfruta. Escribe sólo porque de tu surge esa necesidad que nadie te podría arrebatar a pesar de que intentaran alejarte del bosque de las palabras. Los libros son ramas de este infinito árbol de la escritura. Para coger sus frutos, debes recorrerlas con deleite. Y recuerda que tú también eres un libro que ha comenzado escribirse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></p>
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		<title>¿Cómo vivir de tu arte sin morir en el intento? Parte 1</title>
		<link>https://quetzalnoah.com/2022/11/22/como-vivir-de-tu-arte-sin-morir-en-el-intento-parte-1/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Nov 2022 19:20:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artistas y escritores independientes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lección 1 “No confundas tu pasión con tu talento” Mira, la verdad te seré sincero. La gran mayoría de las personas</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2022/11/22/como-vivir-de-tu-arte-sin-morir-en-el-intento-parte-1/">¿Cómo vivir de tu arte sin morir en el intento? Parte 1</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2><strong>Lección 1 “No</strong><strong> confundas tu pasión con tu talento”</strong></h2>
<p>Mira, la verdad te seré sincero. La gran mayoría de las personas tienen un talento y no todas tienen una pasión. Puede parecer increíble leer esto si es que eres una persona creativa o un artista. Pero es verdad y no hace falta un gran estudio científico para comprobarlo. Basta con que salgas a la calle y preguntes ¿Qué es aquello que disfrutarías hasta el resto de tu vida y que no cambiarías, aunque te pagaran? Para empezar, debemos saber ¿Qué es una pasión? Pasión viene del latín paxos que significa sufrimiento. Pasión es soportar algo que amas, aunque te haga sufrir. Un ejemplo bien claro: un aficionado al fútbol. Llora, grita, se pone de malas o de buenas cuando su equipo gana o pierde. Toda pasión conlleva un grado de sufrimiento soportable porque la alegría que brinda es más placentera que todo intento de alejarse de ella. Lo que te apasiona no necesariamente te vuelve más fuerte, pero te ilusiona y eso basta para encontrar una razón que te mantenga de pie en cualquier circunstancia. Sin embargo, el talento es el fruto que brota de la semilla del don (no del don de la tiendita sino de aquello que ya viene programado en tus genes). El don se alimenta de la curiosidad. Toda curiosidad que te seduce a prestarle más atención a ciertos detalles probablemente si la sigues se convierta en tu talento. Cuando es evidente tu talento y tu pasión sobre una disciplina en específico, entonces tu hábito se vuelve una chispa esperando paciente para provocar un incendio.</p>
<p><span data-originalfontsize="12pt" data-originalcomputedfontsize="16">Te contaré una anécdota. De niño escuchaba a mi papá cantar alegre con la guitarra. La llevaba a todas las fiestas. Todos le aplaudían lo bien que cantaba. Viajé con mi papá en coche desde que era niño hasta que me convertí en adulto. Siempre íbamos escuchando rock. Esa parte de mi vida es de mis más grandes tesoros. Siempre quise cantar como mi papá. Nunca llegué a su nivel. Pero ¿Sabes una cosa? Yo siempre le estaba prestando atención a las letras, leyendo una revista mientras escuchábamos música, cada palabra para mí tenía muchos significados. Yo era capaz de saborear las palabras, pero en ese entonces contarle esa sensación a alguien me resultaba difícil, pensaba que me dirían que era un niño raro. Entonces me guardé eso hasta que crecí y después hacía conexiones con las palabras, la música, la historias y los significados. Todo estaba en mi mente en ese entonces y se me escapaba. </span></p>
<p><span class="s1">La música tenía un significado para mí profundamente nostálgico. Veía los videos de los Beatles y me sentía inspirado por una época en la que no nací. Tomé mi guitarra y me iba a las calles a cantar soñando con que iba a ser descubierto por algún cazatalentos. Y bueno, si hubiera sido tan talentoso como creía no estaría escribiendo este libro. </span></p>
<p><span class="s1">Durante años estuve aferrado a la música. Quería que mis letras cambiaran al mundo. Quería ser parte de la historia. Ya que no me sentía apreciado en mi ciudad me mudé a otra. Fui a probar suerte a Guadalajara. La ventaja del centro y occidente del país es que la gente es un poco más abierta a las propuestas musicales, literarias y plásticas. A diferencia del norte, es más fácil acceder a espacios culturales que brindan amigablemente la oportunidad de darse a conocer.</span></p>
<p><span class="s1">No me fue mal en Guadalajara. Tuve oportunidades para tocar en espacios interesantes y junto a músicos muy talentosos. Creo que uno va forjando sus propias oportunidades en la medida en que se propone luchar por algún sueño. En Guadalajara abrí un blog y me puse a escribir una novela sobre un mochilero que intenta darse ánimos para continuar su viaje y no sentirse abrumado por la soledad. Mis textos comenzaron a ser compartidos y recibía mensajes de apoyo. </span></p>
<p>Tu pasión no necesariamente es tu talento pero seguirla puede hacerte descubrir aquello en lo que eres realmente bueno.</p>
<p>En resumen; se puede decir que mientras seguía mi pasión encontré mi talento. Y descubrí algo más importante: para vivir de tu arte necesitas gente que crea en ti y aprecie lo que haces.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></p>
<p style="text-align: center;">Si quieres seguir apoyando mi trabajo no olvides comprarme un <a href="https://quetzalnoah.com">LIBRO CHINGON</a>A diario comparto cosas chidas y no están caros y con ello ayudas a que la comunidad de escritores independientes y lectores siga creciendo</p>
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		<title>5 COSAS QUE NO DEBES HACER SI QUIERES SER AUTOR INDEPENDIENTE</title>
		<link>https://quetzalnoah.com/2020/08/26/5-cosas-que-no-debes-hacer-si-quieres-ser-autor-independiente/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Aug 2020 21:01:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Recomendaciones]]></category>
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		<category><![CDATA[bookstagram]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es un jueves a las seis de la tarde. Juan acaba de salir de un taller literario, llevó sus poemas</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2020/08/26/5-cosas-que-no-debes-hacer-si-quieres-ser-autor-independiente/">5 COSAS QUE NO DEBES HACER SI QUIERES SER AUTOR INDEPENDIENTE</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Es un jueves a las seis de la tarde. Juan acaba de salir de un taller literario, llevó sus poemas que él escribía sin conocer de métrica, rima o ritmo, eran poemas que él escribe solamente para liberarse de un peso que trae en el corazón, de hecho ni siquiera eso que escribía podía considerarse un poema, pensó. Está aguitado, porque su profesor del taller literario le ha dicho que sus textos están bien culeros y que nunca será escritor, se ha puesto a compararlo con los grandes, cosa que a Juan le incomoda porque en realidad no escribía para ser un personaje del mundo literario. Juan deja de ir a talleres literarios y comienza escribir por las tardes y las noches, cuando se echa sus chelas o se da su toque puede sentirse más conectado con las palabras. Se le hace costumbre eso de escribir unos cuatro o cinco días a la semana. Una tarde Juan publica uno de sus poemas en su muro de Facebook, recibe likes de sus amigos, de gente que tenía hace tiempo y no le hablaba, de gente que no conoce, pero tiene agregada. Juan dos días después hace lo mismo, recibe sus likes, la gente lo comparte y empiezan a llegarle solicitudes de amistad. Al cabo de un mes ya varias personas le han preguntado si piensa en sacar un libro. Juan piensa que tal vez tenga una oportunidad e investiga sobre editoriales y concursos, manda sus trabajos, durante meses, sin embargo, no le llega ninguna respuesta ni propuesta. Así que un día en una feria de artistas locales de su ciudad conoce a Pedro, está sentado en un stand con varios libros de su autoría. Juan le da una hojeada y se da cuenta que no escribe tan culero como Pedro, pero ¿por qué Pedro tiene libros publicados? Así que Juan le pregunta ¿qué editorial lo publicó? Pedro le dice que ninguna, que es un autor independiente y que él mismo se encarga de escribir y editar sus propios libros. Juan se queda asombrado ante aquel descubrimiento, brilla en él un halo de esperanza. Tiene una nueva oportunidad. A las pocas semanas Juan ha terminado su libro, lo imprime, lo publica en redes, algunos interesados lo compran, pero Juan al poco tiempo deja de escribir y sus ejemplares se van llenando de polvo y sus lectores van perdiendo noticias de él ¿qué habrá hecho mal Juan?</p>
<p>Quizás su propósito solamente era tener un libro, pero algo que le pasa a Juan le pasa a muchos autores independientes:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1.DEJAR DE ESCRIBIR AL MOMENTO DE TENER TU LIBRO</strong> Muchos autores sufren un bloqueo creativo al ver concluido su primer trabajo. Esto se debe a que quizás no imaginaban que llegarían a ver su obra materializada por lo que dejan de sentir esa emoción al escribir porque sienten que ya han alcanzado lo que buscas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>2.DEJAR DE ESCRIBIR PORQUE SURGIERON UN MONTÓN DE CRÍTICOS LITERARIOS EN TUS REDES QUE NO CONOCÍAS </strong>Algo que no libra ningún autor es la crítica, ya sea buena o mala, sin embargo, claro está que las malas surgen al momento de que ciertas personas vean a un autor materializar su trabajo y esto genera cierto recelo ya que por lo general quien hace la crítica está haciendo menos de lo que está haciendo el autor. Y es un paso que si bien no se debe ignorar del todo, se debe mejor alejarse y buscar la mejora constante de uno mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>3.NO USAR LAS REDES SOCIALES </strong>Algo que le pasa a Juan les ha pasado a muchos autores y es que la mayoría de los escritores subestiman el alcance que pueden tener en las redes sociales, si algo nos han enseñado éstas es que los nichos de mercado son más grandes de lo que pensábamos. Tal vez muchos de la generación del 95 para abajo no sabíamos que había tantos lectores de poesía y novelas, las redes nos han venido a confirmar que hay todo un mundo de personas esperando devorar libros nuevos. En u principio Juan ganaba lectores porque se volvía su propio promotor, estaba centrado en escribir y compartir contenido. No dejes de armar eventos, convocar gente, hacer transmisiones en vivo, siempre puede llegar alguien por curiosidad y convertirse en tu próximo lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>4.NO COMPARTIR CONTENIDO POR TEMOR AL PLAGIO </strong>A lo largo de estos años como escritor independiente me han preguntado ¿oye y no tienes temor de que te roben lo que escriben? En sí, no me da temor ser plagiado, lo que sí me da es bastante pena por parte de gente que carece de talento para generar sus propios textos y contenidos. Aunque en este ámbito y a lo largo de la historia muchos autores han surgido de esa manera, con el tiempo se descubre la verdad. El punto es que cuando uno genera su contenido y sus lectores le van conociendo estos extrañamente terminan por identificar su estilo. De hecho, muchas veces el plagio puede ser una buena promoción. Si vas a dejar de compartir textos por temor al plagio, pues muy poca o probablemente nadie llegue a conocer tu estilo.</p>
<h2></h2>
<p><strong>5.DEJAR DE ESCRIBIR PORQUE SIENTES QUE NO TIENES INSPIRACIÓN </strong>Escribir es un pasatiempo muy relajante y sanador, sin embargo, si de verdad quieres dedicarte a vivir de la escritura no puedes estar esperando a que llegue la inspiración. Debes formarte el hábito y el propósito de escribir al menos cuarenta minutos al día. No digas que no hay inspiración todos los días pasa algo: tristeza, enojo, furia, sueños, alegría, viajes, una comida deliciosa, bombardeos, futbol, recuerdos, películas, rompimiento, emprender, todo el tiempo las historias y los acontecimientos se están moviendo esperando a ser captados y hay muchas formas de hacerlo: consejos, manuales, poemas, cuentos, relatos, crónicas, artículos, ensayos, reflexiones, opiniones, correos electrónicos, cartas, etc. Siempre está sucediendo algo cerca de ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Consejos para escritores independientes</strong></h2>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Quetzal Noah</strong></h2>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2020/08/26/5-cosas-que-no-debes-hacer-si-quieres-ser-autor-independiente/">5 COSAS QUE NO DEBES HACER SI QUIERES SER AUTOR INDEPENDIENTE</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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		<title>¿Cómo me volví escritor?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Quetzal Noah]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jul 2020 03:16:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diario Viajero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Estuvo raro” es lo que les respondo cuando me preguntan. Aunque con raro me refiero a que no me di</p>
<p>La entrada <a href="https://quetzalnoah.com/2020/07/21/como-me-volvi-escritor/">¿Cómo me volví escritor?</a> se publicó primero en <a href="https://quetzalnoah.com">Quetzal Noah</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5>“Estuvo raro” es lo que les respondo cuando me preguntan. Aunque con raro me refiero a que no me di cuenta de lo que significaba hacerlo todos los días que recuerdo desde que entré a la universidad hasta el momento en que gané unos pesos con mis primeras publicaciones. Y es que nadie me dijo cómo se hacía, porque incluso los mismos escritores que contactabas parecía que no estaban muy adentrados en el asunto o unos simplemente eran medio mamones. Una imagen de un chico de primaria viene a mí, entregando una copla a la profesora en tercero, era una tarea hacer una composición a la bandera, todos llevaron un trozo de himno y yo escribí un par de rimas memorables para un amateur de ocho años. Después en secundaria redacté varias cartas para tres de mis amores, solamente una tuvo éxito, sin embargo, no pensé que en esos trozos de papel pudiera existir una pizca del talento que se necesita para ser escritor, hasta ese entonces los escritores me parecían seres ficticios o fantasmas porque no conocía a ninguno y no sabía de nadie cercano que tuviera uno de ellos por conocido. Cuando entré a la preparatoria cambié mis gustos musicales de rap por las cumbias texano-norteñas y el rock, con ello aprendí mis primeros acordes de guitarra y en mi frustrado intento de no poder tocar ninguna canción comencé a escribir las mías con la música tal y como sonaba en mi cabeza. Los libros de pensamientos orientales y metafísicos se volverían mi universo literario, pues de ellos extraía frases y reflexiones que me llevaban a formular las mías, el oficio de pensar se convirtió en mi pasatiempo favorito. Dice Murakami que un pianista o un pintor necesitan preparación, invertir en horas de estudio y práctica, pero un escritor solamente necesita una pluma, papel y saber redactar, en palabras de Murakami “casi cualquier japonés podría hacerlo” me gusta mucho esa referencia porque habla de dos cosas: los japoneses son personas muy disciplinadas y tienen un nivel educativo alto. Cosa más cabrona para los aspirantes a escritores en México porque se cargan con un promedio de lectura muy bajo y eso puede afectar considerablemente el desarrollo de su obra, ni qué decir que uno de los hábitos favoritos de nuestros compatriotas es procrastinar. Y bueno, cuando terminaba la preparatoria, sin ninguna formación literaria más que el haber reprobado dos veces español, fui escribiendo mi primera novela. Yo casi no platicaba con nadie de ese pasatiempo mío de escribir. Solamente con dos amigos de mucha confianza, cuando les contaba la trama de mi novela, estaban seguros que sería un éxito. La prepa terminó y cuando entré a la universidad, uno de los primeros días de clases llevaba el cuaderno con todo mi borrador a mano, para mi pendejez, el cuaderno se quedó debajo de mi pupitre y nadie lo devolvió. Estuve triste un par de semanas y después me dije algo que perdura hasta estos días de tanto plagio en la red de mis textos “Podrán robarme un textos pero nunca el talento” . Curiosamente a los pocos días descubriría a través de un blog de un amigo la poesía, tenía una manera de escribir versos muy atrevidos, como si no le pidiera permiso a nadie, como si esas letras no necesitaran de moral para existir, era poesía en su estado más puro: que no pretende, que no te intenta convencer, era el rostro de un alma solitaria que buscaba el propósito de su existencia así como la eterna búsqueda del calor de una mujer. Y así, experimentando hice mis primeros poemas. Se volvió un hábito escribir todas las noches, con desmesurada pasión si lo hacía de jueves a sábado después de pasear por los bares del Barrio Antiguo y llegar a casa con todas las historias de conquista que no sucedían. Estuve escribiendo sin detenerme durante un año y medio, y no, no venía a mi mente el publicar un libro, estoy hablando que se trataba del 2008, los jóvenes no conocíamos los alcances que tendría el internet, escribir seguía siendo esa parte de mí muy aburrida de contar.</h5>
<h5>Los escritores antes de saber que son buenos son tímidos y retraídos, después llega el insaciable ego y las ganas de fama y se pierde el enfoque del camino. Me nutrí de muchos autores los años venideros. Una tarde de febrero circulaba por Facebook un cartel con una invitación a un taller de poesía llamada Poetry Slam. La cita era un sábado en un bar del Barrio Antiguo, había muchos escritores, me sorprendió, ahí estaban los escritores, eran reales, existían, no eran tan viejos como pensaba. La chica que impartía el taller era Dary, venía de Suiza y hablaba cinco idiomas, por ella conocí el manejo de la voz, la importancia del estilo, el imaginar lo que se decía y a James Joyce y Roberto Bolaño. Estaba José Miguel Soto que tenía un grupo de rap llamado Menuda Coincidencia, por él conocí la hermosura del bronce de Quevedo, el Siglo de Oro de la Poesía Española. Marcelo Reyes que me compartía mucho e Nietzche. Y así, me fui nutriendo de autores que me llevaban a otros y otros. Después de leer Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño la poesía se volvió el único género que quería explorar a toda costa, quería descubrir diversos métodos para hablar de una galaxia en una frase, lo que me gustaba de los poetas es que ya borrachos, no éramos poetas, ni hablábamos de poesía, nos volvíamos seres tiernos llenos de ansiedad y temores; por ello bebíamos en exceso. El grupo tuvo la finalidad de juntarnos en un evento llamado Poetry Slam donde cada poeta se subía al micrófono a recitar y cuando terminaba el público que no tenía ningún conocimiento de ritmo, métrica o cualquier forma le calificaba por el solo hecho de sí su texto llegaba o no a estremecerle una que otra entraña.</h5>
<h5>Cuando concluí la universidad, se desvanecía aquella imagen de estudiante bohemio, de poeta arrastrado al romanticismo de la pobreza y el rechazo. Tenía un dinero ahorrado por mis meses laborando en un banco y me fui de mi ciudad unos meses, vagué por Ciudad Obregón, Los Cabos, La Paz y Guadalajara. Al regresar fui a hacer mi servicio social en un centro de estudios ambientales de la universidad, ahí di con un libro sobre las especies endémicas de México y me llamaba la atención el maguey, al mismo tiempo terminaba un curso en línea de literatura de Ciencia Ficción y Fantasía de la universidad de Michigan. Leímos Alicia en el país de las maravillas, Alicia a través del Espejo de Lewis Caroll, Frankenstein de Mary Sheller, Drácula de Bram Stocker, Los cuentos de los hermanos Grimm, Narraciones de Edgar Allan Poe, El hombre invisible de H.G Wells, La marca de nacimiento de Nathaniel Hawthorne, Crónicas Marcianas de Bradbury y Little Brother de Cory Doctorow. Con la fantasía a todo lo que da tras leer a los hermanos Grimm, me topé con una convocatoria de Conabio y Conaculta de Canciones y Cuentos por México para crear una obra que hablara del paisaje mexicano. Esa tarde escribí diez cuentos entre ellos uno que resultaría ganador “Ximena y el maguey” una niña que se topa con una planta de maguey en el desierto y esta le enseña sus usos tales como el aguamiel, las agujas y la miel de la misma. El resultado de la convocatoria me inspiró confianza para continuar escribiendo, pues, comencé a sospechar que no era tan malo. Mandé muchos trabajos de poesía a decenas de convocatorias durante un año y medio, dudo que hayan si quiera sido leídos, pues como muchos saben, estos concursos están llenos de favoritismos y compadrazgos que se ceden los premios año con año. Por ello en el fondo me da gusto que hayan recortado los recursos del FONCA.  Algo que no te cuentan de esas convocatorias es que supone un gasto más o menos de quinientos a setecientos pesos poder concursar por los gastos de envío, las impresiones y los traslados que se gasta uno en trabajar la obra. Total, un tiempo me olvidé de intentar ganar un concurso y seguí mi rumbo. Me fui a vivir a Guadalajara y para no deprimirme por no tener trabajo y dinero me refugié en mi blog de Tumblr escribiendo una novela llamada “El viajero solitario” la cual hablaba de Lucas Emiliano, un tipo que se va de su ciudad con una guitarra y una mochila recorriendo el norte de México después de probar el peyote en Real de Catorce. El blog ganó unos seguidores durante unos meses, esos meses en los que probaba suerte como músico y estudiaba unos cursos de canto costeando mis gastos trabajando como bellboy en un hotel de la avenida Mariano Otero. No me fue tan mal, le abrí un concierto a Juan Cirerol y me faltó poco para uno de Carla Morrison. El mundo de los artistas se basa en saberse mover con los contactos adecuados, cosa que jamás hice como escritor, me fastidiaba ese ambiente pretenciosos que buscan superarse en vanidad por decir cosas que nadie pueda entender. Dejé Guadalajara y viví un tiempo en el pueblo de mi abuelo en Hidalgo mientras decidía si regresaría a Monterrey o tendría que hacer algo distinto. Fue entonces que leí de nuevo mi novela. Me di cuenta que mi personaje era aquello en lo que yo quería convertirme: un poeta mochilero. Así que con mil pesos, una guitarra y una mochila de estudiante dejé el pueblo de mi abuelo y me dirigí a Chiapas. En una central de autobuses me encontré un Smartphone con Word y me puse a escribir a diario, todos los días hasta que crucé el sur de México y viví en Flores, Petén en Guatemala.</h5>
<h5>Duré casi un año y medio fuera de México, siete meses durmiendo en el suelo de casas donde me daban posada, la arena y hostales tocando canciones mías y de otros en las taquerías, mercados, camiones y restaruantes . Yo tenía la idea de llegar a Costa Rica pero un problema con mi pasaporte me trajo de regreso. Para entonces mi blog ya tenía más seguidores y me llegaban solicitudes de muchas personas que compartían mis escritos. Fue en Guatemala donde descubrí a Roberto Vidas, un hombre que se hacía llamar a sí mismo poeta, nos emborrachamos y dijimos poesía a las chicas por toda la isla la noche que coincidimos.  La manera en que reclamaba su lugar como poeta en el mundo me hizo creer de nuevo en las palabras. Tuve una última parada en Puerto Escondido y ciudad de México. Cuando regresé a Monterrey pasaron dos meses para conocer a Sofía. Las cartas que le escribía para dejar en la puerta de su casa se volvieron un ejercicio literario y así al poco tiempo de que mi declaración de amor fallara yo terminaría en Mérida en donde asistí a un bazar donde vi escritores que publicaban sus poemas en fanzines y los vendían y pensé “yo podría hacer eso, quizás hasta mejor”. Y en Monterrey una tarde pensé ¿Qué tanto costaría hacer un libro? Y me salí a preguntar por todos lados, al señor de la tiendita, de los tacos, los herreros, los carpinteros, los eléctricos, si es que conocían un lugar, mi hermana me apoyó con una lanita yo tenía otra que había juntado trabajando en foodtruck de comida vegana. Así que mandé a imprimir los primeros ejemplares de “Para que te sientas bonita”. Me duraron cinco días. Le devolví a mi hermana su dinero con intereses. Tenía listo De las estrellas a Sofía y Teoría de la Fragilidad. Y yo seguí escribiendo, pero ahora, estaba ganando dinero por hacerlo. Ya no había nada que perder. Y creo que eso ayudó mucho. Trece años escribiendo desde que recuerdo y apenas hace cinco que arranqué. Hoy en día sigo leyendo, más que nunca, aunque he ido cambiando de preferencias, he ido creciendo, han madurado muchas cosas dentro de mí, es bonita la vida de escritor-rockstar, aunque llena fiestas, desmadre y cosas extrañas. Ser escritor es aventurarte en los recuerdos, la memoria, el ser, el viaje, querer plasmar esa energía que se mueve por tu cabeza y tus intestinos en un cúmulo de palabras que no sabes a dónde llegarán.</h5>
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<h3 style="text-align: center;">Quetzal Noah</h3>
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