Diario Viajero

Tierras yucatecas

Qué serena, limpia y segura se siente Mérida. Las casas del centro lucen cuarteadas entre sus paredes. Se lee por todos lados panuchos, salubutes y cochinita pibil. Llegamos a eso de las seis de la tarde.  Un viaje muy tranquilo y una carretera sin conjeturas complicadas. Con el calor de la ciudad siempre se apetece una chelita. Así que fui al oxxo por mi six y de noche salimos cenar unos tacos de cochinita y unos de relleno negro. 

El jueves planeamos salir por la tarde a Progreso. Llegamos a las cuatro de la tarde y comimos un filete de pescado. Varios lectores me escribieron para preguntarme dónde iba a estar. Nos vimos en el Muelle Chocolate. Firme libros y nos tomamos la foto. Conocimos a Luis Baker. Un cuate con su muy peculiar humor yucateco que nos dibujó una sonrisa toda la tarde. Uno de mis lectores llegó en una moto. Me dijo que ya había leído cuatro veces El hombre del telescopio. Cuando regresamos llegamos al Mayan Pub y pedimos chelas. Al día siguiente haríamos el tour a Muycuche. 

El viernes salimos muy temprano con rumbo a la hacienda Muycuche para bañarnos en su cenote. La hacienda fungió durante muchos años como una de las más importantes en la industria del henequén. El primer cenote no me pareció nada espectacular por lo que pagamos. Pero el segundo sí estaba de poca madre. Estaba en una cámara subterránea y se miraban preciosas las formaciones de estalactita. 

Regresamos a tiempo para prepararnos para el recital. La cita fue en Café 500 Noches. Así es viajeros, es de los mismos encargados que la de San Cris. No hace falta resaltar que es un concepto precioso y cualquier artista se siente importante cuando se presenta en un lugar tan romántico, cursi, bohemio y cooltural. Vi un montón de rostros conocidos y uno que otro nuevo lector llevado por su pareja que terminó comprando un libro. Me encontré con mi vieja amiga Lezly que conocí hacía cinco años en la misma ciudad. Se acordaba de que aquella vez yo andaba en huaraches y sombrero de palma. Y ahora bien fresa en 500 Noches, con libros hermosos y mi camisa dockers. El dueño quedó maravillado con mi show y me ofreció presentarme en cualquier de sus sucursales. Veremos qué pasa más adelante. Se va a escuchar mamador pero: se vienen cosas chidas.

 

Quetzal Noah

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